La posibilidad de acuerdos políticos en la Enseñanza (que se iniciaba con la consagración del doble voto al Presidente del Codicen y los de los consejos descentralizados), para desplazar las mayorías sindicales y devolver el poder y la responsabilidad al sector político, fue recibida con euforia por la oposición. No era para menos: se trata de un área crucial del país donde los resultados son calamitosos y parecen condenar a más de una generación a la exclusión del conocimiento y asegurarles la marginación. Es que tal vez pensaron que con la simple decisión del Presidente Mujica -que ha manifestado compartir esa preocupación- y algunos puntos de coincidencia en temas operativos, era suficiente para empezar a caminar hacía un sistema más justo con los jóvenes. Error.
La oposición pasó por alto la actitud de Jorge Brovetto, presidente del Frente Amplio que reaccionó con frialdad y escepticismo; calculó -con cierta lógica- que su partido se encolumnaría tras la figura del primer mandatario. Pero Brovetto reiteró lo que ya había dicho en diciembre: el Frente no apoya a Mujica y no piensa introducir cambios en serio en la reforma educativa prohijada por la administración Vázquez y que contó con el voto en el Parlamento de la enorme mayoría de legisladores que hoy tendría que dar su voto para modificarla. Y tampoco tomó en cuenta la posición de los sindicatos, que gracias a ella ostentan el poder absoluto en este sector y que verían segadas sus atribuciones.
De sobrepique nomás, la Federación Uruguaya del Magisterio (FUM) -un sindicato tradicionalmente moderado- expresó a través de su Secretario General, Gustavo Macedo, que "no participaremos en ningún diálogo que no sea política de Estado y ahí no puede estar únicamente el sistema político. Si la cuestión es que los partidos se junten para resolver sobre educación, que lo hagan; pero no cuenten con la FUM". Ni qué decir de la opinión de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (ADES) de Montevideo, estos sí radicales de la primera hora. Su dirigente Luis Martínez se despachó con un "me parece lamentable y me provoca tristeza que se siga utilizando la educación pública como terreno político partidario…"
Con la autonomía constitucional de la ANEP, sin respaldo político del FA y con los sindicatos en pie de guerra el resultado parece, lamentablemente, muy distinto al que festejaron los representantes de la oposición. Y para rematarla, 24 horas después de la reunión, las declaraciones del Presidente Mujica terminaron por enfriar el optimismo. "Despacito por las piedras. Se avanzó (…) Cada uno saca sus conclusiones, pero indudablemente ha habido conclusiones demasiado rápidas". Mientras que el ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, tras una reunión con Mujica, se limitó a decir que "es una propuesta de sectores de la oposición que tiene que ser estudiada". En resumen, tras la reunión del martes, la situación en la Educación no cambió nada y, como viene la mano y llegando ya al mes de febrero, nada va a cambiar para este año.
A esta altura no sabemos con certeza qué es lo que busca Mujica promoviendo reuniones con la oposición, cuando los mayores problemas los tiene en su frente interno (y en los sindicatos "compañeros"). Da la impresión que entre el Presidente y su partido no existe el mínimo diálogo ("El Frente lo va a discutir", fue la insólita respuesta de Brovetto a esta cumbre política), por lo que no se entiende cuál es el objeto de invitar a los otros partidos a debatir temas sobre los cuales no tiene ninguna incidencia dentro del suyo, por más que sea el Presidente de la República. A nadie se le ocurre pensar que Mujica haya decidido pasar por arriba en el tema de la educación a la opinión de su partido, buscar mayorías parlamentarias a través de legisladores de la oposición e inaugurar así una especie de cogobierno. (Hilaridad).
No se trata de ser pesimistas, sino realistas. ¿Cuánto hace que, a influjos sobre todo del senador Larrañaga y el consejero Corbo, el tema se instaló en la agenda política? ¿En qué se avanzó? Y, lo que es peor, ¿en qué se puede avanzar? Pensamos que, con suerte, se podrá aprobar el doble voto de los presidentes y el programa ProMejora, pero solo en el interior del país. En el resto, los corporativismos no cederán un ápice, el Frente no tocará la reforma de Vázquez y la educación seguirá como está.