Naufragio de una política

JUAN ORIBE STEMMER

La semana pasada varó en los canales de Martín García, el buque tanque argentino "Ingeniero Reca", que tiene un calado máximo de 5,4 metros, en una zona donde "habitualmente se producen este tipo de episodios" (El País, jueves). El buque no creó un peligro para la navegación ni de contaminación. Sólo es cuestión de esperar que las aguas suban para liberarlo de su posición, tan incómoda.

Lo que necesitará bastante más que un repunte de las aguas para salir a flote es la política exterior uruguaya.

Los hechos revelan una diplomacia de varios años apaciguadora, poco transparente y que no responde al interés nacional. Se ha creado tal confusión de valores, que la persona que tuvo el coraje de actuar con honestidad y reconocer que era cierto que hace dos años hubo una denuncia de oferta de soborno, debió presentar renuncia a su cargo como embajador itinerante, mientras que los que laboriosamente armaron el desbarajuste continúan tan campantes.

Tenemos dos procesos de negociación. El primero es para el dragado de mantenimiento de los canales de Martín García; el segundo es para su profundización y ampliación.

El contrato para los trabajos de mantenimiento terminó a fines del año pasado y fue necesario encontrar un procedimiento para continuar con esas tareas indispensables. Con ese fin, la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) resolvió realizar un concurso de precios (El Observador, 13 de mayo) que finalmente no se concretó (aparentemente a pedido de la delegación argentina). En cambio hubo un intercambio de ofertas, donde la empresa que ya realizaba esos trabajos cotizó a 19 millones de dólares, otra empresa cotizó 9 millones; el Uruguay insistió en que no se podían pagar más de 13 millones y al final se extendió el contrato de la primera a un precio de 15 millones de dólares. Aquí es muy interesante lo que dijo el delegado de la oposición en la CARP: "las decisiones en esta materia (por el dragado) no las tomó la delegación uruguaya, sino en acuerdos bilaterales de alto nivel por representantes de la Cancillería que luego bajaron instrucciones a la delegación". (El País, viernes).

Las noticias sobre aquella negociación, digna de un mercado persa, fueron luego seguidas por revelaciones acerca de ofertas de sobornos en elegantes restaurante bonaerenses, arreglos y demás manejos.

Se sacaron a luz nombres de personas que difícilmente podían defenderse. Y, para aclarar aún más las cosas, se sumó algún comunicado de prensa de nuestra Cancillería desmentido a las pocas horas por otras fuentes.

El segundo proceso es el de la licitación internacional para el dragado de construcción de los canales, para llevarlo de sus actuales 32 pies (9,75 metros) a una profundidad de 34 pies (10,35 metros).

Hoy parecería que, finalmente, emergió un acuerdo entre los dos países, para avanzar en este último proyecto y en rodearlo de todas las garantías necesarias de legalidad y transparencia.

Pero, los autores de la política que acaba de escollar no tienen derecho a engalanarse con los laureles por aquel triunfo de la sensatez. Ese resultado no se consiguió con las actitudes apaciguadoras del pasado, sino con las posiciones firmes y claras a las que fue arrastrado nuestro gobierno, a veces parecería muy a pesar suyo, en estos últimos días.

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