Ruben Loza Aguerrebere
Pasó del sueño chico al sueño grande". Con estas palabras tituló Santiago Dossetti la noticia, en el diario "La Unión" de Minas, sobre el fallecimiento de Juan José Morosoli, ocurrido el 29 de diciembre de 1957. Murió mientras dormía; se fue en puntas de pie, sin estridencias, como era su estilo, hace 54 años. Pero su presencia levanta el vuelo desde el pasado, gracias a "Los albañiles de Los Tapes" o "Muchachos", y recupera sus esencias no bien recorremos sus páginas con historias tan intensas y vivas o, bien, recuperando los días de su infancia, esa época en que somos inmortales.
Nacido en Minas el 7 de enero de 1899, Morosoli se matriculó en la escuela "Artigas" en 1907; la abandonó dos años después e ingresó como mandadero en la librería de un tío paterno. Nada nos impide pensar que allí nació su afición por los libros.
Años más tarde se instaló al frente del "Café Suizo", que no tardó en convertirse en un cenáculo del pueblo y fue lugar de nacimiento del periódico "El Departamento", donde Morosoli escribió con el seudónimo de "Pepe".
En 1925, cinco jóvenes escritores de Minas se reunieron para publicar un libro de versos titulado "Bajo la misma sombra" Eran José María Cajaraville, Valeriano Magri, Julio Casas Araújo, Guillermo Cuadri y Juan José Morosoli. El libro tuvo repercusión: Alberto Zum Felde saludó elogiosamente a los jóvenes poetas que irrumpían en el paisaje literario nacional. En este libro se encuentran estos versos que definen las claves de su obra: "Las cosas más sencillas me han dicho su secreto/ y hallo la levadura de mis cantos/ en la fatiga de las lavanderas/ el penoso traquear de las carretas/ y en el ladrar nocturno de los perros...".
Si Javier de Viana fue el espectador de los gauchos, puede decirse que Morosoli fue el espectador del hombre que bajó del caballo, del hombre de a pie, como él definía al paisano. Otros escritores de la llamada "generación del 30", como Dossetti, Francisco Espínola y Víctor Dotti, siguieron ese camino enriqueciendo nuestras letras.
En 1936 apareció "Los albañiles de Los Tapes", que marcó la afirmación de un maestro, consolidando un estilo literario innovador, despojado, de frases breves y palabras pulidas como cantos rodados. Su técnica descriptiva era la pregonada por Gide: expresar lo más diciendo lo menos.
Tanto en el libro "Hombres y mujeres" como en su novela "Muchachos" habló de su amor por la naturaleza, así como recuperó momentos singulares de su infancia y juventud. Su tema esencial era el encanto manso de las cosas cotidianas.
Posteriormente publicó "Vivientes", en 1953, que fuera el último libro que vio editado. "Tierra y tiempo", que contiene su más importante colección de relatos, se publicó póstumamente, en Buenos Aires, en 1959. Luego, en 1962, apareció "El viaje hacia el mar y otros cuentos" y, en 1971, sus ensayos titulados "La soledad y la creación literaria".
Obviedades: un escritor es original o no es escritor. Lo es de un modo profundo y simple, tanto que ni él mismo lo sospecha. Morosoli, a través de sus cuentos lo demostró, así que pasen los años. Viajero inmóvil, observó y describió con sensibilidad la vida y el alma de su lugar y de su tiempo. Hoy, este clásico de las letras uruguayas, vive en sus páginas, porque era un artista sensitivo, capaz de captar la menuda felicidad terrestre.