Pertenece a una iglesia londinense, la iniciativa de innovar en "algunos pequeños aspectos" de la mítica escena del milagroso alumbramiento de Belén. El motivo de la idea -según se expuso- fue doble: primero, recordarle al mundo que, por más que cambie en todo o casi todo, existen tradiciones inconmovibles que merecen ser respetadas en nombre de la FE que, cuando es cosa sentida en el corazón, debe atesorarse como una reserva del alma, capaz de superar los desafíos de los tiempos modernos; segundo, demostrar que es posible evadirse de las extravagancias que nos invaden, aunque rocen así extremos inverosímiles.
Tal tienda exhibió un cartel que grafica esas evidencias, mediante un montaje del escenario bíblico que altera los legendarios comportamientos de sus protagonistas. Así, María luce un vestido de fiesta, un hermoso atuendo complementado con sandalias de taco, al tono. José, vestido a la última moda masculina, contempla al bebé en la cuna, que afortunadamente no se les ocurrió a los religiosos presentarlo dominando una computadora. Por su parte, los Reyes Magos optaron por adherir al acto feliz, portando un huevo de Fabergé, un frasco de perfume y una calavera decorada.
Esto, que podría ser el delirante prólogo de un "Disparatario para las fiestas navideñas" es, asimismo, una provocación a la creatividad entre quienes se consideren aptos para sugerir cambios en ciertos emblemas de la fecha, que en numerosas generaciones hemos ido incorporando a nuestros hábitos y rituales, integrados al rubro "Simpatías".
La circunstancia nos afirma en la sospecha de no estar lejos de un Papá Noel que cuelgue -como guitarra en el ropero-, su uniforme rojo -el mismo con que siempre lo esperamos- para reemplazarlo con determinadas modernidades que tiendan a mejorar su silueta gordota. Desde luego, esto tendría que producirse luego de que, sometido a un severo régimen de adelgazamiento, su panza se redujera en altos porcentajes: recién entonces, llegaría la mutación estética del personaje.
Perfumando su deslizamiento por la chimenea, anunciaría su bienvenido arribo con una fragancia "for men", embanderada en el nombre de Antonio Banderas: y avanzaría hacia el arbolito con 30 kilos menos, estrenando un modelo de Giorgio Armani. El asunto del gorrete no sería problema, porque al alcanzar este punto Papá Noel habría perdido la cabeza. En tal caso, el tango se convertiría en un heroico sobreviviente, a través de una de sus letras: "Hay cosas que no tienen razón ni sentido/ hay cosas que no tienen explicación". Sépase que ni la posmodernidad, jamás conseguirá terminar con el 2 x 4.