Una minuciosa mirada a la obra de un artista de cuerpo entero

Libro. Olga Larnaudie analiza la trayectoria de Jorge Sosa Campiglia

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JORGE ABBONDANZA

"Jorge Sosa Campiglia, tapicista" se llama el libro escrito por Olga Larnaudie, dedicado a una de las figuras mayores de la tapicería contemporánea en el Uruguay. El tomo tiene 144 páginas y 62 ilustraciones de la obra del artista.

Este trabajo sobre un plástico uruguayo es un modelo de precisión estimativa y tenacidad investigadora. A través de esos rasgos, que han sido característicos de la tarea de Olga Larnaudie como crítica e historiadora del arte, se recupera la figura del tapicista Jorge Sosa, desaparecido hace diecinueve meses a los 53 años de edad. El primer mérito del libro es su riqueza informativa para documentar la vida de Sosa, las etapas de su largo período productivo y el valor de sus obras artísticas a través de fuentes múltiples, desde reseñas periodísticas o catálogos de exposiciones hasta entrevistas personales, libros y otras publicaciones especializadas.

Sobre esa base Larnaudie compone un marco para su propio texto, incorporando una minuciosa cronología inicial, abundantes fragmentos de críticas, detalle de las actividades cumplidas por Sosa a nivel individual o colectivo, y una completa lista de las obras que realizó (en total 54, entre 1977 y 2010). Cuando la autora se pone a escribir sobre el tapicista, lo hace con una prosa severa y atenta, de la que emana un amplio conocimiento sobre la materia que trata y un permanente cuidado por dejar constancia no sólo de la trayectoria del artista, las tendencias de lenguaje y de técnica en sus tapices o la fértil relación que mantuvo con su maestro Ernesto Aroztegui, sino también del surgimiento, el desarrollo y la expansión posterior del movimiento de la tapicería contemporánea en el país, que últimamente habla de "textiles" y no de "tapices" por la mayor flexibilización de estilos, procedimientos y materiales empleados ahora en ese oficio.

Jorge Sosa fue uno de los indomables tejedores que brotaron en el medio plástico uruguayo a partir de los años 70. En su caso, y en el de otras figuras perdurables del género, el impulso creador se asoció inseparablemente a la devoción por el trabajo, esa laboriosidad que en cada obra le ocupaba cinco o seis meses de elaboración y que acompañó durante décadas la insólita dedicación laboral de los tapicistas locales, que hacían todo con sus manos, desde el diseño del cartón preparatorio hasta el tejido mismo. En el caso de Sosa ha quedado un registro de esa larga faena, porque llevaba un cuaderno donde puntualizó la ficha completa de cada tapiz, como método aconsejado por Aroztegui, que su gran alumno respetaría al pie de la letra. Los diez principios didácticos y técnicos de ese método impartido por el maestro, también figuran en este libro como testimonio que ayuda a preservar el rastro de una escuela de artesanía que tuvo su etapa de auge en el Uruguay -como ninguna otra de las artes aplicadas- aunque recientemente ha decaído.

El sector de ilustraciones ocupa buena parte del libro, con especial detenimiento en la serie de retratos que marcaron el apogeo de la carrera de Sosa y han quedado como uno de los vértices de la tapicería nacional. Allí Sosa reproduce en piezas de gran formato la efigie de personalidades de las artes y las letras como Blanes, García Márquez, Picasso, Klimt, Cortázar, Bergman, Dalí o Magritte. Ejercita así una posibilidad frecuentada anteriormente por Aroztegui (Borges, Einstein, Golda Meir) que le permite llevar al límite los alardes del tapiz como reproducción de cuerpos y objetos visibles, porque al incursionar en el retrato la técnica del tejido alcanza la ductilidad expresiva de la pintura, empeño casi inédito hasta ese momento.

Cabe agregar que el libro tiene producción y prólogo de Macarena Montañez, fue patrocinado por Israel Lublinerman (gran coleccionista local en la materia), sus textos incluyen traducción al inglés, el diseño gráfico pertenece a Rodolfo Fuentes y las fotografías son de Pincho Casanova y Álvaro Quintana. Valió la pena que ese equipo se pusiera de acuerdo.

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