Es Vázquez

Francisco Faig

La mayoría de los intelectuales y líderes de opinión nada dirán porque su identidad de izquierda silencia su espíritu crítico. Pero es cada día más evidente para todos: el rey está desnudo.

No solamente porque es incapaz de conducir políticas públicas de forma eficiente en educación, salud, medioambiente, seguridad, vivienda, relaciones exteriores y defensa, en tiempos en que vivimos el mayor crecimiento que registre la historia. Sino también y sobre todo, porque no hay semana en la que no nos sorprenda con alguna tontería, cada vez más angustiosa, entre sus habituales copas de vino rosado de todos los mediodías, y el común malhumor de su cansancio acumulado de todas las tardecitas.

Sobran razones para insistir en criticar a Mujica. Parecería ser que cuanto más pasa el tiempo, más queda claro lo necesario que era el papel de tutor gubernativo de Vázquez: desde que se llamó a silencio, ensordece el ruido de los objetos rotos por las ideas elefante en el bazar del gobierno.

La inteligencia de la izquierda moderada pasa por responsabilizar a los tupamaros, desordenados, de origen no frenteamplista y de talante populista, por el caos del gobierno actual. Se preserva así una izquierda distinta encarnada por Vázquez: suerte de natural estadista-protector capaz de gobernar bien, y no como esta administración mujiquista.

Sin embargo, no es posible explicar los desatinos actuales del gobierno sin percibir su génesis real en la primera administración frenteamplista.

El horror de la educación fue multiplicado por la ley de educación de Vázquez; el caos de salud pública es consecuencia de su reforma en tiempos de la administración Vázquez; el desborde sindical tiene sus claras raíces en la época de Vázquez; la incapacidad de tomar un rumbo internacional favorable a los intereses nacionales se arrastra desde el ejecutivo de Vázquez; nada se hizo en vivienda, desde el quinquenio de Vázquez; la inoperancia en seguridad pública se agravó con los ministros del interior de Vázquez; la invención de un relato de historia reciente oficial proclive a la izquierda toma cuerpo con Vázquez.

En realidad, lo que ocurre es que estamos ante el mismo perro con diferente collar. Porque detrás de Vázquez y de Mujica está la misma fuerza política de siempre.

Es el mismo Frente Amplio clientelista, conservador, seguro de su superioridad moral, obsecuente con sus bases sindicales, gangrenado por su militancia leninista, y gobernado por una mayoría de gerontes totalmente autistas de la realidad internacional posterior al derrumbe del muro de Berlín. Es el mismo Frente Amplio que Tabaré Vázquez se preocupaba por seducir a través de su discurso de unidad, lleno de contemplaciones internas y enamorado de su estima militante, antes del desliz de su confesión proestadounidense.

Es un profundo error creer que el gran responsable es Mujica. El presidente caerá en el tobogán de su descrédito creciente e inevitable. En realidad, el mayor obstáculo a la prosperidad nacional está en la izquierda anquilosada incapaz de modernizarse. La de Vázquez.

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