PARÍS | AFP
Debilitado por las enfermedades, Jacques Chirac se convirtió ayer en el primer expresidente francés en ser condenado por la Justicia, un final poco digno para un hombre en el ocaso de su vida con una larguísima carrera política.
Figura central de la derecha francesa durante 40 años, todavía muy popular, el expresidente fue condenado a una pena inesperada, dos años de prisión en suspenso, sin haber asistido a ninguna audiencia de su juicio, después de que sus abogados presentaran un informe médico explicando que tiene problemas neurológicos "severos" e "irreversibles".
El exmandatario fue condenado por un caso de empleos ficticios al principio de la década de 1990, cuando era alcalde de París, acusado de haber utilizado el dinero público al servicio de su partido Agrupación para la República (RPR, en francés) y de sus ambiciones políticas.
Chirac, primer expresidente de la V República condenado por la Justicia, fue declarado culpable por "malversación de fondos públicos", "abuso de confianza" y "adquisición ilícita de intereses" en el caso de 28 empleos ficticios, remunerados por el ayuntamiento de París entre 1990 y 1995.
En esa época Chirac era alcalde de la capital francesa, presidente de su partido y se disponía a presentarse a las presidenciales de 1995, que ganó. Según la acusación, usó el dinero público al servicio de sus intereses políticos y de su carrera.
"Jacques Chirac no cum- plió la obligación de integri-dad que tienen las personas públicas encargadas de gestionar los fondos o los bienes que se les confía", dijo el tribunal en su sentencia, que cifró el des-vió de fondos en 1,4 millones de euros.
Chirac, que recibió "con serenidad" la sentencia, según sus abogados, siempre negó estas acusaciones y afirmó no haber cometido "ninguna falta penal ni moral", en una declaración leída durante el juicio.
El tribunal justificó su sentencia poco severa por la "an- tigüedad de los hechos", la "ausencia de enriquecimiento personal" por parte de Chirac y por "la edad y el estado de salud" del acusado.
REPERCUSIONES. El primer ministro francés, Francois Fillon, reaccionó a la histórica sentencia desde Brasil, donde realiza un viaje oficial.
"No tengo por costumbre comentar las decisiones de la Justicia, simplemente pienso que llega demasiado tarde. Es una sentencia que no alterará la relación personal que existe entre los franceses y Jacques Chirac", dijo el primer ministro.
El candidato socialista a las presidenciales de 2012, el socialista Francois Hollande, amigo personal de Chirac a pesar de su rivalidad política, también lamentó la tardanza de la Justicia en un caso que se remonta a los años 1990.
"Se ha hecho justicia y tenía que hacerse, pero con mucho retraso en relación a los hechos. También tengo un pensamiento afectuoso para Jacques Chirac, que tiene problemas de salud", dijo Hollande.
Por su parte, el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, que perdió las presidenciales de 2002 contra Chirac (elegido con más del 80% de los votos), dijo que la sentencia era la prueba de que Francia "estuvo presidida durante 12 años por un delincuente".
La fiscalía había pedido la puesta en libertad del expresidente y de los otros nueve acusados en el caso, de los cuales solo dos fueron finalmente absueltos.
Los demás acusados fueron reconocidos culpables, con penas de entre dos y cuatro meses de prisión en suspenso. Solo el ex secretario general del sindicato FO, Marc Blondel, fue dispensado de pena.
Jacques Chirac se exponía a una pena máxima de diez años de prisión y 150.000 euros de multa.
En su decisión, el tribunal correccional declaró inadmisible la demanda de la asociación anticorrupción Anticor que pedía indemnizaciones por daños y prejuicios.
El juicio, en el que no participó el principal acusado, tampoco contó con la presencia de muchos testigos previstos inicialmente, entre ellos el actual ministro de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, condenado en 2004 a 14 meses de prisión en suspenso y a un año de inelegibilidad por este mismo caso, en su calidad de antiguo adjunto de Jacques Chirac en el Ayuntamiento de París.
Chirac vive en París junto a su esposa Bernadette, en un apartamento cerca del Sena, prestado por la familia del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, una de sus amistades forjadas en sus años en el poder.
Hasta ayer, su popularidad seguía siendo enorme en Francia, con más de 70% de opiniones favorables, según los sondeos.
Político de larga carrera, seductor y muy ambicioso
PARÍS | Desde 2007, cuando dejó el Palacio del Elíseo tras 12 años como presidente de la República (1995-2007), Jacques Chirac parecía disfrutar de una jubilación tranquila, muy alejado de la política.
Rápidamente, sin embargo, su andar más lento y su silueta menos imponente que de costumbre desataron los rumores sobre su enfermedad.
El Chirac de 2011 es radicalmente distinto al del principio de su carrera, con su reputación de "asesino político" pero que también era un seductor, con todo a favor para triunfar.
En 1968, en plena revuelta estudiantil en Francia, Chirac ya estaba en política y era secretario de Estado para el Empleo. Fue el inicio de una larguísima carrera que le llevó a ser ministro de Agricultura, de Interior, Primer Ministro en dos ocasiones y, sobre todo, el poderoso alcalde de París durante 18 años, entre 1977 y 1995.
Desde su fortaleza parisina, Chirac llevó a cabo minuciosamente su asalto al poder y fue acusado de poner a la administración pública al servicio de su carrera y de sus ambiciones, como en el caso de los empleos ficticios que ayer le costó su condena.
En dos ocasiones se lanzó, sin éxito, a la conquista de la presidencia francesa, en 1981 y en 1988, antes de ser finalmente elegido en 1995. En 1997 estuvo en Uruguay en visita oficial.
En 2002 fue reelegido con más del 80% de los votos frente al candidato de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen. AFP
1968
En plena revuelta estudiantil, Chirac ya era secretario de Trabajo y nunca más dejaría los palacios de la República. Primero fue responsable de Agricultura e Interior y, luego, dos veces primer ministro.
1977
Se convirtió en alcalde de París, cargo que ocupó durante 18 años. Tras dos intentos fallidos (1981 y 1988), en 1995 se le abrieron finalmente las puertas del Elíseo.
2002
Fue reelegido, en una histórica segunda vuelta con Jean-Marie Le Pen, líder de la extrema derecha. Más del 80% de los franceses votó por él.
2006
Inauguró el Museo del Quai Branly, al que no consiguió dar su nombre.
2007
Decidió apoyar la candidatura de Sarkozy y se retiró.