PAULA BARQUET
Han sido protagonistas de los últimos conflictos en la salud: faltas coordinadas, duras acusaciones, bloqueo de camas y denuncias a quien en teoría los representan. Los enfermeros en Uruguay son pocos y tienen reivindicaciones crónicas.
Cuando organizaron el "faltazo", a principios de noviembre, los enfermeros de las puertas de emergencia de los hospitales Maciel, Pasteur y Español no imaginaron que la medida los convertiría en "asesinos" y "atorrantes" a los ojos de Beatriz Fajián, representante de muchos de ellos en la Federación de Funcionarios de Salud Pública (ver aparte).
Lo cierto es que mediante esa polémica medida sin aviso previo, una veintena de enfermeros pretendía volver a poner en el debate público las plataformas de reivindicaciones que no son nuevas. El hecho de que ahora se bloqueen camas y se coordinen ausencias en masa para que sean más visibles tiene que ver con un complejo escenario político-sindical y un llamado de 700 cargos para ASSE que no termina de concretarse.
Los auxiliares dicen que están en "la primera línea, en la trinchera", con sobrecarga laboral y sin respaldo de la sociedad. Aseguran que trabajan con "la mitad o menos" del personal que precisan. Esto se corrobora con cifras del Colegio de Enfermeros del Uruguay. Su presidenta, Silvia Santana, dijo a El País que, en promedio, hay 30% menos de personal en todas las áreas.
Mientras la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda que haya un enfermero por cada médico, y en los países desarrollados eso se cumple con creces, en Uruguay la relación es de seis médicos por cada enfermero. Se calcula que hay 16.000 auxiliares de enfermería y 3.600 nurses (licenciados) en actividad, por lo que para alcanzar la meta de la OPS se precisarían 12.000 enfermeros más. Según Santana, un problema grave que alcanza tanto a nurses como auxiliares es la emigración estructural: anualmente, 18% se va del país.
La falta de personal genera estrés para quienes continúan trabajando, certificaciones médicas y luego ausentismo. En una suerte de círculo perverso, eso agrava la falta de personal.
También se quejan por la iniquidad salarial. En promedio y en pesos nominales, los auxiliares cobran $ 15.000 y los licenciados, $ 20.000. En los últimos años los enfermeros vieron crecer sus salarios pero de forma desigual, y ahora retoman un viejo reclamo que es la salarización por categorías, adoptando la antigüedad y otras variables.
Además, explican que las condiciones edilicias, las camas, la infraestructura y los materiales con los que trabajan son deficientes. No tienen un seguro que los cubra por situaciones judiciales de mala praxis y a eso suman la inseguridad y las situaciones de violencia que viven cotidianamente con los pacientes.
Las nurses son muchas menos que los auxiliares y son las responsables del servicio que brindan los auxiliares, ya que normalmente ejercen las jefaturas de los servicios. Ellas piden más reconocimiento por parte de los médicos y de las autoridades sanitarias. Reclaman que cuando se hable de la necesidad de tener más médicos en las áreas rurales, también se pidan más nurses. Lo mismo con los médicos de familia.
El 85% de los enfermeros son mujeres. Casi siempre luego de 20 años de trabajo se sufren severos problemas de columna, además del estrés que acusan sobre todo quienes trabajan en las áreas "especiales" (CTI y emergencias).
Todo esto implica, según Santana, que "hay que mirar diferente a la profesión". Teniendo en cuenta que habitualmente empiezan a trabajar a los 20 años, y el desgaste físico que produce la tarea, el Colegio promueve una ley de retiro anticipado como rige para otros grupos.
Santana considera que "falta inversión" en el subsistema público, donde más se nota el "problema estructural". Es que aunque el presupuesto haya aumentado y los usuarios hayan disminuido, la dirigente entiende que eso no se ha traducido en más cargos de enfermería.
Según pudo saber El País, muchos de los 700 cargos acordados entre ASSE y la FFSP ya están asignados, pero no empezarán a efectivizarse hasta el año que viene porque el presupuesto de 2011 ya se acabó.
TENSIÓN. "Nos sentimos muy solos, muy dolidos", dicen algunos auxiliares de enfermería. Es que las palabras de Fajián desvinculándose y acusando a los involucrados agudizaron una tensión entre gran parte de los enfermeros y las autoridades de la FFSP, que viene creciendo hace meses.
A grandes rasgos, los enfermeros que no militan en la lista 1886 (de Fajián, Pablo Cabrera y Alfredo Silva), así como aquellos que están afiliados a la asociación de funcionarios de Comisión de Apoyo (Afasse), consideran que no están representados en la Federación.
Algunos apuntan que "ninguno (de los dirigentes mencionados) conoce la tarea asistencial", ya que Fajián es auxiliar de servicio, Cabrera es auxiliar de laboratorio y si bien Silva se formó como auxiliar de enfermería, trabajó en la Colonia Etchepare y "nunca pisó una emergencia". Todos los consultados pidieron mantener su nombre en reserva por miedo a las represalias.
Los dichos de Fajián fueron ratificados días después a través de un comunicado de la FFSP, avivando aún más el malestar predominante. En las últimas semanas los funcionarios no médicos de los tres hospitales de adultos más importantes de ASSE (Maciel, Pasteur y Español) pidieron la renuncia de la presidenta del gremio a través de asambleas generales. Fajián ha ignorado la protesta. El País no logró contactarla a ella ni a Cabrera para esta nota.
Pero también, tras los polémicos episodios, en algunos enfermeros se despertó una sensación de rabia consigo mismos: "Nunca nos hicimos valer, y si los enfermeros estamos mal es por culpa de nosotros mismos", se sinceró uno de ellos.
"Nos traicionaron abiertamente"
Desde el "faltazo" y las declaraciones de la presidenta del gremio, Beatriz Fajián, "el malestar es generalizado", coinciden enfermeros consultados.
"Nos traicionaron abiertamente ante las autoridades de ASSE", se quejan, y hablan de un "quiebre" del que no se volverá atrás. Según dijeron fuentes del Maciel a El País, en el block quirúrgico "se desafiliaron todos" de la Federación de Funcionarios de Salud Pública". Aún hoy algunos enfermeros trabajan con carteles en la espalda que rezan "No soy asesino, soy enfermero".
Las comisiones internas de los principales hospitales, alineadas a Fajián, se han esmerado por retirar carteles y banderas que se han colocado en repudio a la Federación.