Que se incendie un local de adornos navideños un 25 de diciembre podría interpretarse como una cruel ironía. Es lo que ocurrió el año pasado cuando estalló en llamas el local Effa`s Party. Un año después, vuelven a abrir.
El 25 de diciembre del año pasado no fue un día sencillo para Bomberos. En la madrugada ocho locales comerciales del shopping Tres Cruces fueron consumidos por el fuego, que comenzó en el sector de tiendas de la terminal de ómnibus.
Unos 35 bomberos (entre efectivos y personal jerárquico) trabajaron para extinguir las llamas, además de policías de seccionales cercanas.
Mientras luchaban para combatir el fuego en esa zona, unas horas más tarde recibieron el llamado de que en Arroyo Seco, en la calle Jujuy y Asencio, un depósito de 3.000 metros cuadrados, más el local comercial que está al frente de la cuadra, se consumían por completo, incendiándose miles de adornos navideños y artículos de cotillón. Todo quedó hecho cenizas y ruinas.
La ironía era real y en plena temporada de vacaciones y de celebraciones navideñas eran afectados dos puntos vinculados a la fecha: el peor momento. "Justo en la Navidad se nos incendió todo. Fue un momento horrible y un golpe muy duro. Pensamos en no volver a abrir. Pero los empleados y la gente nos impulsaron", dice Ruth Stosky, la dueña del local comercial, en su refaccionado comercio navideño.
Más de 20 bomberos debieron controlar el fuego aquel 25 de diciembre. Las llamas estuvieron a punto de alcanzar el local de Fanapel, que se encuentra en la misma manzana.
Además, una residencia de ancianos muy próxima también se vio afectada, y por precaución tuvo que ser desalojada debido a la densa concentración de humo en la zona y la amenaza de posibles problemas respiratorios para los internos.
La Policía desalojó además otras viviendas cercanas debido a que las descontroladas llamas amenazaron con extenderse. Luego de varias horas los bomberos lograron extinguir el fuego. Ruth se alivia al recordar que no hubo heridos ni accidentes, aunque recalca que las "pérdidas materiales fueron totales".
"Perdimos toda la mercadería que teníamos. No se pudo recuperar nada. Se nos quemó todo. Además, el local quedó en ruinas", lamenta Ruth cuando recuerda el hecho. Entre adornos navideños y artículos para cotillón tenían en su poder más de 2.000 productos distintos.
La pérdida se cuantificó en US$ 300.000 solo de material (a precio de costo), además de los miles de dólares perdidos por el local, que quedó hecho cenizas.
VOLVER. "Los primeros días fueron terribles porque no nos podíamos quedar de brazos cruzados. Fue muy complicado volver a abastecer a los locales. Estábamos muy mal anímicamente y todavía teníamos que hacer las importaciones de apuro, a lo loco. Hicimos lo que pudimos", cuenta la comerciante. Una vez que pasó "el incendio" la decisión de seguir o abandonar fue difícil de tomar.
Por momentos lo único que pensaban era en terminar con todo, pero los empleados de la empresa mostraron su apoyo.
"Ante una dificultad uno tiene dos opciones. O bajás los brazos o decís `esto no me puede vencer y hay que tratar de seguir`. Pasamos por las dos etapas. Pero cuando vimos que los empleados nos empezaron a motivar desde lo moral y a ponerse a las órdenes, nos dimos cuenta de que seguir tenía mucho sentido", resumió Ruth, con orgullo.
Reconstruyeron el local, volvieron a importar mercadería para esta fecha y, según cuenta, "se pudo llegar a tiempo". Abrieron las puertas la semana pasada y esperan recibir la zafra, "lejos del fuego", ruega.