Condena y censura

Jorge Abbondanza

El director iraní Jafar Panahi fue condenado hace unos meses por el régimen de su país a sufrir seis años de arresto domiciliario y veinte años de prohibición de filmar, viajar al exterior o conceder entrevistas, bajo el cargo de hacer un cine "contrario al régimen". Entonces optó, con ayuda de su colega Mojtaba Mirtahmasb, por mostrar en imágenes su vida diaria en ese encierro. Lo hizo en una película titulada This is Not a Film (Esto no es un film) donde se lo ve cumpliendo sus menesteres cotidianos (tomar el desayuno, alimentar a la mascota de su hija) como alegato que no necesita de proclamas verbales para ilustrar la intolerancia de un sistema político y de su brazo judicial.

En ese testimonio que algunas reseñas han calificado de conmovedor, Panahi mira televisión o habla por teléfono con su abogada y con su mujer, pero además describe ante las cámaras el plan de la película que se disponía a filmar cuando la censura que se le impuso lo inmovilizó. En ese relato se descubre el absurdo de un régimen que obliga al realizador a traducir en palabras un material que estaba pensado para la expresión visual, revelando de paso que la medida de fuerza ni siquiera logra su propósito, porque This is Not a Film pudo ser sacada de Irán escondida dentro de una torta, con lo cual se ha exhibido en los festivales de Cannes y Mar del Plata, por el momento.

Esa circulación habrá provocado alguna rabieta entre los gobernantes de Teherán, pero debe apreciarse como un gesto de altivez que Panahi formula desde su aislamiento para subrayar cómo el arte -tarde o temprano- es capaz de liberarse de cualquier cadena, levantando vuelo por encima del despotismo que quiso amordazarlo. Pruebas similares fueron dadas al mundo cuando Viridiana de Buñuel burló la censura franquista y ganó premios internacionales, o cuando el manuscrito de Doctor Zhivago de Pasternak fue sacado de la Unión Soviética oculto en el equipaje de un viajero, operativo con el cual tuvo algo que ver la uruguaya Susana Soca.

Es asombroso que en pleno siglo XXI un talento mundialmente reconocido que no cometió crimen alguno, y cuya obra (El espejo, El círculo) trata mayormente sobre la situación de la mujer iraní, sea castigado con seis años de reclusión en su casa y con dos décadas de inactividad artística. Es escandaloso que existan tribunales que respaldan semejante violencia política. Para sugerir esas barbaridades sin mencionarlas, This is Not a Film concluye con una escena donde Panahi pisa el umbral de la puerta de calle de su domicilio, que es el límite hasta donde le permiten llegar.

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