Mariano Grondona
En los años cincuenta, Pedro Laín Entralgo escribió el libro "España como problema", donde analizaba las arduas vicisitudes políticas que había atravesado nuestra madre patria, con la guerra civil y la dictadura de Francisco Franco incluidas. Pero 1977 fue el año en el cual, gracias a los famosos Pactos de la Moncloa, España encontró la senda del desarrollo político que la convirtió de "problema" en "sistema" por la formación de un régimen político en cuyo seno han predominado, hasta hoy, dos grandes partidos: el Partido Socialista Obrero (PSOE), que viene de perder las elecciones del domingo pasado a manos del otro gran partido, el Partido Popular (PP), que acaba de ganarlas bajo el liderazgo de Mariano Rajoy.
El PSOE que tuvo líderes como Felipe González y José Rodríguez Zapatero, y el PP, que se alineó sucesivamente detrás de José María Aznar y de Rajoy, dominaron la vida política española durante las últimas décadas porque encarnaron un "sistema" que contenía los dos rasgos típicos de las democracias desarrolladas de Europa y América Latina: uno, la renuncia de sus líderes a la pretensión personalista de las reelecciones ilimitadas, "a la venezolana"; el otro, la "alternancia" de esos líderes y sus partidos en el poder según soplaran los vientos del humor electoral.
Todo parecía perfecto hasta que el socialista Rodríguez Zapatero, que asumió el poder en el año 2000, empezó a experimentar las crecientes dificultades económicas que enfrentaban tanto España como la Unión Europea. Después de gobernar por once años, Zapatero tuvo que renunciar sin que su sucesor en el PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, pudiera remontar la marea del humor electoral del pueblo español, que ahora favorece al PP y a Rajoy.
La paradoja que deberíamos explicar es por qué España, después de haber pasado de ser un "problema" a ser un "sistema" a partir de 1977, hoy continúa siendo un "sistema" y pese a ello, con cinco millones de desocupados, ha vuelto a ser un "problema". ¿Es que ha fracasado el "sistema" de 1977 o es que sólo ha fracasado el "gobierno" del PSOE?
Si Rajoy consigue remontar la cuesta económica y social en la que hoy se encuentra su país, el sistema político vencería al problema económico y social. Ello sería en cierto modo lógico porque es para arduas situaciones como ésta que ha sido creado el bipartidismo. ¿Cuál es, en este sentido, su clave psicológica? Que en un momento dado el pueblo, que se había "encantado" con el advenimiento de un nuevo liderazgo, se "desencanta" de él y acude a la reserva del partido de la oposición, que mientras tanto ha renovado sus líderes desde el llano, y gracias a ello el sistema bipartidario vuelve a marchar.
¿Será esta venturosa novedad la que ahora espera a España? Si Rajoy obtiene el éxito que no supo procurar Zapatero, España volverá a la normalidad democrática. Lo grave sería al contrario que, después de haber fracasado Zapatero, también fracasara Rajoy.
Para responder a este caos eventual, sin embargo, los países democráticos han acudido de vez en vez a una solución de emergencia: la creación de un "tercer partido". Así le ocurrió no sólo al Reino Unido cuando el laborismo vino a sumarse a la tradicional dicotomía que formaban los conservadores y los liberales, sino también al Uruguay cuando el Frente Amplio se atrevió a terciar en el bipartidismo tradicional de los colorados y los blancos. Cuando irrumpen novedades como éstas, el bipartidismo se salva mediante el expediente de acudir al "tripartidismo". En el Reino Unido, los liberales cuentan todavía, como lo prueba que hoy comparten el gobierno inglés con los conservadores, y el Uruguay admite por su parte una tríada frenteamplista, blanca y colorada. Esto al menos hasta que el bipartidismo vuelva por las suyas, como tarde o temprano ocurrirá. Si al bipartidismo español no lo salvaran eventualmente el PP y Rajoy, así, habría que esperar que surgiera un tercer partido para salvarlo. Pero explorar esta alternativa sería adelantarse demasiado a los acontecimientos puesto que hoy, todavía, la posta para salvar al sistema político español ha quedado, después de las elecciones, en manos del PP y de Rajoy.
España es, por ahora, tanto un "sistema" como un "problema". Si Rajoy gobierna bien, desaparecerá el problema y quedará el sistema. Si no lo hace, un PSOE renovado o en su defecto un tercer partido, todavía innominado, responderán al desafío. Por cualquiera de estas vías, la España democrática dará de sí.