GUILLERMO ZAPIOLA
La muerte de la bailarina y coreógrafa Pina Bausch estuvo a punto de frustrar un proyecto cinematográfico acariciado durante veinte años. Sin embargo, el director Wim Wenders siguió adelante, aunque obviamente debió reformularlo.
De hecho, Pina Bausch falleció de cáncer durante el verano boreal de 2009, a los 68 años, cuando ella y Wenders estaban trabajando en la preparación de la película que, con los cambios del caso, se convertiría en Pina 3D, estreno del próximo viernes. El cineasta alemán Wim Wenders (Alicia en las ciudades, París Texas, Buena Vista Social Club) conocía a Bausch desde 20 años atrás y, según ha declarado, siempre habían querido hacer una película juntos.
La idea inicial surgió en 1985, cuando se realizó una retrospectiva del aporte de Bausch en el teatro La Fenice de Venecia. En ese momento Wenders vivía en los Estados Unidos y no conocía la obra de Bausch, pero encontrándose en Venecia asistió a un par de espectáculos, quedó impactado y se quedó más tiempo en la ciudad para asistir a todos los demás. Poco después conoció a la artista y le propuso hacer la película. Se reencontraron en diversas ocasiones y siguieron intercambiando ideas al respecto (a veces era ella la que insistía), pero por un motivo u otro el proyecto se fue postergando.
"Una de las razones por las que quería hacer una película sobre su trabajo era por lo efímero de su arte, el teatro-danza, que solo existe si se interpreta", ha explicado Wenders. "Pina tenía 40 obras y quería mantenerlas vivas. Existían unas grabaciones, pero estaba profundamente insatisfecha. Las vi y tuve que admitirle que no sabía cómo filmar su arte de manera diferente".
Una de las cosas que Wenders tenía claro era que no quería hacer algo como El cisne negro (es decir, el melodrama lleno de clisés con la danza como pretexto). La solución la encontré hace tres años en Cannes cuando vio la primera grabación en 3D de un concierto de U2. Llamó a Pina desde el cine al final de la proyección, y ella le dijo: "No tengo idea de qué estás hablando". Después de eso comenzaron a elegir las obras que querían filmar, y ella programó un año entero de su agenda en función de la película. La idea era filmar las coreografías en los ensayos y grabarla a ella mientras viajaba o seleccionaba a los bailarines. La primera semana de julio de 2009 habían planeado hacer las pruebas de rodaje en el teatro de Wüppertal, la ciudad donde Bausch dirigió durante años a su compañía. Ella murió una semana antes.
La primera reacción de Wenders fue suspenderlo todo. "Era demasiado tarde", pensó. Sin embargo, unos meses después los bailarines de la compañía de Bausch lo llamaron y le dijeron que empezarían a ensayar sus coreografías. "Se lo debes a Pina", insistieron, y Wenders estuvo de acuerdo.
Pina quería mantener con vida sus obras, y Wenders comenzó a rodar las puestas en escena. Sin embargo, sentía que todavía no tenía la película. Entonces decidió aplicar un método que Bausch usaba para preparar sus coreografías: dialogar con los bailarines.
Uno de los aspectos que más le interesó fue el uso del 3D, que era a su juicio lo que podía hacer más justicia en cine a las coreografías de Pina Bausch. Descubrió que existía un cineasta francés, Alain Derobe, que había estado experimentando con la técnica desde hacía casi diez años. Wenders quería que el baile resultara lo más fluido posible y que se convirtiera en la verdadera atracción. Derobe construyó los sistemas para sincronizar las dos cámaras y hacerlas funcionar como si fueran dos ojos.
Wenders es consciente de que la tercera dimensión ha sido utilizada en cine, por lo general, de una manera bastante primitiva, como un mero recurso para tirarle cosas a la cara al espectador. Pero está convencido de que puede servir para mucho más. "El único límite del 3D es la imaginación", asegura. "Y quizás los únicos límites hasta ahora han sido las formas en las que se ha usado esta tecnología. Pero estoy convencido de que no tiene límites y que su mayor aplicación en el futuro será en los documentales, porque te permite acceder a la vida de las personas y a su trabajo, y puedes llevar el público ahí dentro". No tiene dudas de que su próxima película será filmada también en 3D.
Se ha dicho que Pina 3D es un documental muy atípico. No aparecen datos biográficos, solamente anecdóticos, de la bailarina y apenas se ve fugazmente su figura unas pocas veces a través de imágenes de archivo. Son sus alumnos del Tanztheater Wüppertal, Regina Advento, Maloi Airaudo, Ruth Amarante y otros, quienes interpretan y dan vida al enigmático mundo interior de Pina.
Quienes han visto ya el film han señalado que la ciudad alemana de Wüppertal, sede del ballet que dirigió durante más de 30 años, es el telón de fondo donde los cuerpos de los bailarines escenifican la particular filosofía de la artista, una permanente performance entre la danza clásica y los entornos naturales intercalados. El tráfico de la ciudad, polígonos abandonados, antiguas siderurgias o canteras, vagones de pasajeros, vías de un monorraíl que recorre suspendido la ciudad o estructuras arquitectónicas de hormigón confluyen entre enérgicas partituras de Tchaikovsky o Stravinsky, otros temas musicales más modernos y hasta ritmos latinos, mientras los intérpretes ponen el lenguaje corporal al servicio de la magia y la emoción.
Filmando a artistas
Cineasta ecléctico, he-redero al mismo tiempo de John Ford y Michelangelo Antonioni (ambos están detrás de films como El estado de las cosas, París-Texas o La búsqueda), hay además en Wim Wenders una veta de documentalista que lo ha llevado a retratar el universo del arte y los artistas. En Relámpago sobre el agua mostró con particular crudeza la enfermedad terminal de su amigo el cineasta Nicholas Ray. Fue mucho más amable con los músicos cubanos de Buena Vista Social Club. Ahora es el turno de Pina Bausch.