RICARDO REILLY SALAVERRI
Los chinos son chinos, piensan en China y defienden a China y no se arrugan como el gobierno entreguista que padecemos los uruguayos, ni toman decisiones ideológicas para el bien económico y social común (dolorosamente ya se dieron cuenta durante años que no les conducían a nada más que a la miseria).
Una de las últimas colonias europeas entregadas a sus dueños fue Macao. China la recibió de Portugal pocos años atrás y en vez de repartir parcelas y casas entre amigos, al fin y al cabo, recordemos que allí no hay que comprar voto, no tuvo mejor idea que montar un complejo turístico que sólo en hoteles-casinos sextuplica a la célebre Las Vegas, ubicada en un desierto en el estado de Nevada en Estados Unidos de América, paraíso lúdico que parecía imbatible.
Los centros financieros más importantes del mundo están encabezados por Nueva York, Londres, Zurich, Singapur y Hong Kong. Este último era un protectorado inglés que fue entregado también años atrás a la China continental por los británicos, y lo que correspondía a progresistas, socialistas, "progresísticamente" correctos como los Astori y "astoritos" que tenemos por casa, hubiese sido arrasar con todo el sistema institucionalizado, para cumplir con los recatados mandatos de los beatos banqueros occidentales. Sin embargo, los chinos tienen dignidad china, son pacientes y también tercos, y mantienen montado allí un paraíso fiscal goliático, con sociedades anónimas, sociedades "off-shore", libertad de cambios, libre entrada y salida de capitales y "ainda mais", sin pedir certificado de vacuna antivariólica. Y, vamos a entendernos, que para tener un sentido de proporción de lo que estamos hablando hay que sacarse de arriba la visión pigmea del frentista ilustrado. Acá, en Uruguay, como decía el fallecido contador Damiani, lo que hay son "riquitos" -que despiertan envidias y resentimientos de la mediocracia gobernante- mientras que lo que se mueve en Hong Kong es riqueza de la grande, que supera al PBI de las Américas central y sur juntas.
Por último, los chinos reestablecieron la propiedad privada en el medio rural. Como ha pasado en todo el orbe desde hace centurias, los habitantes del campo quieren ir a vivir y trabajar a las ciudades. Para ello China hoy les permite vender y arrendar sus parcelas. Lo que se considera que es necesario -además- porque, según el diario del gobierno "China Daily", esto va a redundar "en granjas más grandes y eficientes que puedan hacer frente a las demandas de una economía en desarrollo" (Cuenca Rural.com, 14/XI/011). Como se ve no hay proyectos colonizadores destinados a formar ineficientes "tatuceritas" rurales y castigar a las unidades productivas nacionales más eficientes con impuestos confiscatorios.
Gente de capacidad, de trabajo, de eficiencia, vinculada al agro, de raigambre nacional (las multinacionales son el príncipe azul cuyo beso espera el oficialismo), retrae inversiones. Presienten que vamos a un país del que habrá que irse. Adonde sólo cabe esperar genuflexiones ante la OCDE y Argentina, y decisiones tributarias peores. Con mentiras. Las del "Conrad". Y las diarias de verborrágicos panqueques académicos.