Espiritualidad y misterio de Tailandia

Film. Llega "El hombre que podía recordar sus vidas pasadas", Palma de Oro en Cannes

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MATÍAS CASTRO

Realidad y fantasía. Mundo material y mundo espiritual. Son algunos de los cruces que plantea la misteriosa y premiada "El hombre que podía recordar sus vidas pasadas", ganadora de la Palma de Oro en Cannes.

Centrada en la historia de un hombre operado de los riñones, interpretado por el debutante Thanapat Saisaymar, que se refugia en una casa en la selva, esta película plantea una puerta abierta a la espiritualidad tailandesa y también a la visión artística de su director. Apichatpong Weerasethakul, de cuarenta y un años, ya había cosechado cierto reconocimiento con sus películas previas en las que, según algunas reseñas, cruzaba también el misticismo con el misterio y un estilo narrativo muy personal.

La historia es mínima. Tras su operación, el hombre decide pasar sus últimos días en la selva y allí se encuentra con el espíritu de su esposa y el de su hijo, encarnado en una criatura de aspecto simiesco. Hay, por lo menos, tres secuencias que en un primer vistazo parecen despegadas de la historia principal, pero que el espectador debe atar al resto de la trama, algo que exige una aproximación sensible e intuitiva al film, antes que una racional. Es importante para ello tener en cuenta la convivencia cotidiana con el mundo de los espíritus en la sociedad tailandesa.

En cuanto a la crítica, más allá de la Palma de Oro en Cannes, El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (título que encierra una posible clave sobre las pequeñas secuencias "descolgadas" de la historia) ha sido objeto de cierta controversia. Un periodista del diario El País, de Madrid, la calificó de invento exótico y habló sobre "el hermetismo rebuscado, la inencontrable poética, el patético lenguaje expresivo del ya consagrado Weerasethakul". En la Internet Movie Data Base, un cronista que la vio en el mismo festival de Cannes afirma que es aburrida y que abandonó la sala junto con muchas otras personas a mitad del film.

Peter Travers, veterano e influyente cronista de la Rolling Stone, opinó lo contrario: "A medida que Joe (sobrenombre del director) borronea la línea entre la realidad y lo sobrenatural, su encantador e hipnótico film ejerce una seducción que no quieres romper. Es una belleza". Por otro lado, J. Hoberman, del Village Voice la describió de esta forma: "Una obra de recatada belleza y delicada dulzura, al mismo tiempo sofisticada y no artística, misteriosa y material, cósmica y humilde... La película no significa nada, simplemente es".

Hay que tener en cuenta, además, que esta película forma parte de un proyecto más amplio del director, que excede la circulación en las salas de cine. "Primitive" se llama el proyecto e incluye dos cortometrajes (hay uno previo sobre el protagonista) y una instalación artística. El asunto completo, entonces, es una exploración mayor de los temas que plantea la película: los espíritus en la naturaleza, el más allá y el abandono de la vida terrenal.

En una entrevista con un periodista argentino, el director, quien dice que este film también puede ser visto como una comedia, afirmó lo siguiente: "En Tailandia todo el mundo cree que la muerte no es el final, es parte del Budismo. Haciendo este filme entrevisté a mucha gente que decía recordar vidas pasadas y, por algún motivo, me puse más escéptico. Creo en la meditación como la clave para desatar ese tipo de misterios. Ponerte dentro de su mente y ser receptivo a la naturaleza y a los seres humanos. Y si uno sigue meditando ese mundo se revelará de alguna manera".

De todos modos, para Weerasethakul, uno de sus objetivos al hacer cine es que su obra pueda ser entendida de diversas formas. Este film es un ejemplo de ello, al presentarse con cierta apertura como para permitir diversas interpretaciones. "Disfruto de las interpretaciones", dijo el director. Y el espectador uruguayo podrá aportar la suya desde hoy.

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