El famoso director brasileño Isaac Karabtchevsky se presentará esta noche en el teatro Solís al frente de un nuevo concierto de la orquesta Filarmónica de Montevideo.
Han pasado más de 25 años de su última visita a Uruguay. A principio de los ochenta su aparición en nuestro medio revolucionó la vida sinfónica montevideana y se convirtió en una batuta mítica. Después llegaron otros compromisos internacionales y poco a poco se fue alejando de nuestra ciudad. Rápidamente su agenda se colmó de proyectos con orquestas principales y los triunfos fueron inmediatos: una imponente carrera europea, una larga estadía como director artístico de La Fenice de Venecia y su consagración definitiva como uno de los grandes directores de América Latina.
Esta semana ha vuelto a Uruguay para dirigir a la Orquesta Filarmónica de Montevideo mañana lunes en el Teatro Solís y confiesa que "regresar a Montevideo después de esta larga ausencia es como volver a mis orígenes, una ciudad tan querida para mí." No oculta su sorpresa por el desarrollo que ha visto en la ciudad: "en el camino del aeropuerto al hotel pude vislumbrar el enorme crecimiento de la ciudad. Edificios modernos, mayor planeamiento arquitectónico y una proyección de ciudad en dirección a la costa. Hace 30 años este proceso ya se pronunciaba pero ahora alcanza su plenitud. Estoy muy feliz de estar nuevamente aquí."
Hace tres décadas su trabajo musical en Montevideo había sido con la Sinfónica del Sodre, cuerpo por el que siente especial afecto. "Mi relación con el Sodre es muy especial. Juntos hicimos importantes obras del repertorio sinfónico (recuerdo versiones antológicas de Consagración de la Primavera de Strawinsky y el Concierto para orquesta, de Bartok). He sabido que el Auditorio fue reconstruido y que es una maravilla, pero que la orquesta enfrenta graves problemas estructurales. Esto me da mucha tristeza, porque los músicos son la esencia de una gran institución, el alma que conduce a nuevos desafíos. Espero que en poco tiempo esta situación se normalice para bien de toda la cultura de nuestro continente".
Esta será su primera vez al frente de la Filarmónica y el aclamado director se muestra contento por el trabajo que está desarrollando con la orquesta.
La situación de las orquestas en América Latina es un tema que le apasiona. Generar estabilidad en los proyectos artísticos es su principal preocupación. "En la medida que estamos estableciendo un buen nivel de estabilidad económica en nuestro continente, con tendencia a crecer, debemos también crecer y fijar posiciones a nivel musical. Caso contrario, seremos la representación gráfica de un electrocardiograma con períodos agudos de crecimiento y nada más." Y entusiasta agrega: "Para mí, una orquesta es un micro organismo que refleja un país, una sociedad. En ella están contenidas todas las particularidades de un pueblo. He trabajado en muchas ciudades como director musical, tanto en Europa como en América; he tenido muchos años como director estable del Teatro La Fenice, en Venecia, o de la Tonkünstlerorchester en Viena y la Orchestre National des Pays de la Loire, en Francia, y siempre he observado eso: una orquesta es el espejo de la sociedad".
Para su debut al frente de la Filarmónica de Montevideo el legendario director interpretará dos de los autores favoritos de su catálogo: Wolfgang Amadeus Mozart y Gustav Mahler. Mientras que del compositor bohemio se escuchará la Sinfonía "Titán" (un verdadero homenaje a Mahler en el año que se conmemora el centenario de su muerte); de Mozart se ha programado el Concierto para piano y orquesta Nº 24 K.491 con Raquel Boldorini como solista y el poema sinfónico La isla de los ceibos del compositor nacional Eduardo Fabini. La cita es como todos los lunes a las 19.30 horas en el Teatro Solís y las entradas están a la venta en boletería del teatro y red UTS.