E. BARRENECHE / P. BESADA
Para la Policía, las barras afuera de los liceos generan inseguridad: rapiñan y roban a alumnos y docentes y, en ocasiones, venden drogas. Sin embargo, cada vez hay menos policías en las puertas de los liceos por la reducción del 222.
En las afueras del liceo 13 de Maroñas se congregan al atardecer barras de jóvenes que no pertenecen al centro de estudios. "La violencia es real. Esos jóvenes están todas las tardes de `campana`. Miran los celulares, los championes y las laptops de los alumnos. También hubo algunos hurtos a docentes. El entorno del liceo es complicado. Pero adentro está muy controlado", dijo la docente de Idioma Español del liceo 13, Patricia Isbarbo.
En el liceo 38 de La Teja, la adscripta María M. recorre las 20 cuadras que la separan de su casa a toda velocidad sin mirar para el costado. Su estrategia es extrema: viste ropas, carteras y championes viejos. "Camino tan rápido que casi ni me ven. Saben que no tengo nada y no me molestan", dijo.
Al finalizar el turno nocturno de ese centro de estudios, ubicado en la calle Pérez Martínez y José Castro, los docentes caminan en grupo los 100 metros que separan el liceo de la parada de ómnibus ubicada en la avenida Carlos María Ramírez. Ya se cansaron de ser rapiñados allí, relató María M.
En el Liceo 61 del Cerro, se cierran las rejas exteriores del centro a las 22.30 horas. Las llaves las tiene el sargento Óscar Machín. A partir de ese momento, para entrar o salir se debe solicitar la apertura de las rejas. "Es una medida de seguridad para todos", dijo a El País la directora de ese centro, Liliana Giacummo.
A las 17 horas del viernes 21, cinco adolescentes y una chica conversan frente al Liceo 11. Sus amigos están en las aulas. En el portón, el agente M. los observa haciéndose el distraído. "Hay que llevarlos con `cancha` y mostrarles que el `botón` es el mismo que va a buscar a su madre embarazada en un patrullero. Así entienden y se arma una buena convivencia", dijo.
El entorno es el principal problema de seguridad que enfrentan los 72 liceos de Montevideo. Tanto la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes) como la Asociación de Docentes de Secundaria (ADES) coinciden en que se necesitan porteros o policías bajo el Servicio 222 en las afueras de los centros de estudios. De esa forma, entienden los profesores, habrá seguridad porque los policías dispersan a las bandas que se congregan afuera de los centros educativos. Generalmente esas pandillas se agrupan en el correr del turno vespertino y esperan la salida del mismo. Otras se quedan hasta la finalización del nocturno.
Muchos de esos jóvenes son alumnos expulsados por el sistema, dijo a El País el presidente de ADES Montevideo, Emiliano Mandacen, quien además es docente de Historia del liceo 13.
Una opinión similar manifestó el adscripto de ese liceo, Nicolás Machado. "Si uno hace un análisis más de fondo, la violencia no irrumpe tanto con los que están dentro del liceo sino con los que están afuera. Lo que están afuera del liceo, mayoritariamente estuvieron adentro. Casi siempre son chicos que no tuvieron familias que respondieron por ellos", explicó Machado.
DÉFICIT. El comisario Juan Carlos Vázquez, director del programa Comunidad Educativa Segura, reconoció que "si fuese por los directores de liceos y de escuelas, todos tendrían a un policía parado en la puerta, porque en todas las puertas de los centros educativos a las horas de salida o entrada se forman problemas, siempre va alguna población marginal o complicada a romper la monotonía".
Pero la política de reducción de horas del servicio 222 generó que cada vez menos policías hagan servicios en los centros de enseñanza.
Según Vázquez, el Consejo de Secundaria tiene contratadas 28.795 horas de servicio 222, pero en los últimos tres meses quedaron poco más de 9.000 de estas horas sin cubrir. Unos 61 policías, según estimó Vázquez, serían necesarios para cubrir este déficit.
En 2010, antes de que entrase en vigencia la ley de presupuesto que puso un tope a la cantidad de horas de servicio 222 que puede realizar cada policía, el déficit de horas de vigilancia policial en Secundaria era de 2.000 horas. Es decir que la política de reducción del servicio triplicó el faltante de policías en los centros educativos.
Según Vázquez, a pesar de que Secundaria tiene los rubros para pagar el total de horas de servicio 222, "los policías no las quieren cubrir".
La "principal causa", según Vázquez, es que en los bancos la hora de servicio 222 "se paga un 50% más". Una hora en un banco se paga $ 90 y en un liceo, $ 60.
"El otro motivo es el entorno, que es hostil", afirmó Vázquez. "No solo por los alumnos y en algunas excepciones los profesores o los dirigentes del liceo, sino también el medio ambiente que rodea el liceo y que atrae un liceo, llámese ladrones, rapiñeros, vendedores de droga o maniáticos sexuales", indicó.
BAUZÁ. Esta semana el liceo Bauzá, al que concurren 3.000 alumnos y 400 docentes, estuvo de paro entre el lunes y el miércoles por la falta de un policía en la puerta, que provocaba que jóvenes ajenos al liceo ingresaran al centro, robaran o tomaran vino con los estudiantes en los jardines del establecimiento.
"Esto lo viven todos los liceos, la diferencia es que nosotros pateamos", comentó un profesor de Astronomía del Bauzá durante el paro.
A pesar de que las autoridades de Secundaria acudieron a una reunión con los docentes para solucionar el conflicto, plantearon que la responsabilidad de la seguridad dependía del Ministerio del Interior, y que ellos solo podían "seguir insistiendo" para que se disponga la presencia de un policía.
El conflicto se levantó luego de que, tras una negociación entre el sindicato de docentes y el Ministerio del Interior, se dispusiera la presencia de un policía entre las 7.30 y las 23 horas.
Pero ninguno de los policías que cumplirán este servicio hasta el fin de cursos están en servicio 222. Uno de ellos es uno de los cinco policías de la Comunidad Educativa Segura (que debe atender a los 72 liceos de la capital), y el otro es un efectivo de la Seccional 7ª.
En el liceo 50 de Casabó, donde hay constantes problemas de inseguridad, en setiembre los docentes se movilizaron porque un grupo de jóvenes de entre 14 y 17 años generaban disturbios, apedreaban el local, concurrían con perros Pitbull y palos, robaban a alumnos y realizaban picadas frente al liceo.
El adscripto de ese liceo, Mauricio Molea, se lamentó de que, a pesar de los reclamos, aún no hay vigilancia.
"Nosotros seguimos en conflicto, pero las autoridades ni se han dignado a venir acá", comentó Molea, y agregó: "acá pasa lo mismo que en el Bauzá, pero para nosotros peor, porque no tenemos el renombre del Bauzá".
Programa para enfrentar inseguridad
El comisario Juan Carlos Vázquez, responsable del programa Comunidad Educativa Segura, afirma que gracias a la implementación del plan se redujo sensiblemente la inseguridad en los centros educativos.
El programa cuenta con cinco policías, dos autos y dos motos.
Según un estudio policial, entre el 1° de junio y el 31 de agosto de 2010 y el mismo período de 2011, las situaciones problemáticas en los centros educativos pasaron de 111 a 47. La cantidad de hurtos y rapiñas en centros educativos bajó de 30 a 8.
Según Vázquez, este resultado se logró gracias al "estudio de la casuística" en los liceos inseguros, y "aplicando mejor los elementos humanos y materiales" para atenderlos.
Una de las acciones del programa Comunidad Educativa Segura fue repartir este año un folleto en liceos con "recomendaciones", como "concurrir en grupos a la parada de ómnibus", "evitar el uso y exhibición de celulares en la calle", o "no vestir prendas y/o calzado nuevo de marca".
Inseguridad
"En invierno es de noche y en la puerta es complicado. Hay barras y patotas al frente del Liceo 13. Adentro hay contención".
Profesor de inglés, Pablo Viera.
"Frente al Liceo 38 hay barras que vienen en los cambios de turnos. Ha habido robos a alumnos y rapiñas a docentes en la parada de ómnibus".
Profesora Mariana R.
"Al disminuir las horas de 222, hay días que no contamos con policías. Ahí hubo problemas de seguridad. La inseguridad resurge en el nocturno del Liceo 61".
Directora Liliana Giacummo.
"En el liceo 11 hay barras como en todas las esquinas de Montevideo. A veces se pelean por cosas del barrio y otras veces llevan al barrio roces del liceo. Nunca pasan a mayores".
Profesor Sebastián Jordan.
"En invierno en la puerta del Liceo 13 es complicado. Hay patotas, hay barras. Roban a los chicos. Pero nunca sentí miedo".
Profesor de historia, Sergio Trías.