Francois Hollande, que sueña con convertirse en un "presidente normal" sucediendo a Nicolas Sarkozy en 2012, dio ayer un gran paso al imponerse en la segunda vuelta de las primarias abiertas como el candidato del Partido Socialista (PS) francés.
Al frente de la fuerza política durante los últimos 11 años, cargo que asumió tras la derrota socialista de 2002, Hollande lideró la segunda vuelta de unas inéditas primarias abiertas a los simpatizantes de izquierda, que lo prefirieron a Martine Aubry.
"Felicito calurosamente a Hollande, quien está claramente adelante``, dijo ella.
Hollande, de 57 años, arrancó la campaña en 2010 ocupando el espacio que en materia económica y en medio de una crisis financiera sin precedentes en Europa dejaba vacante Dominique Strauss-Kahn, que por estar al frente del FMI debía mantener reserva. DSK era el candidato seguro del socialismo pero debió bajarse de la campaña tras una serie de escándalos sexuales.
La juventud, la reforma fiscal y la forma de enfrentar la crisis, son las prioridades del candidato Hollande.
En el polo opuesto de la presidencia "bling-bling que representa Sarkozy" -por el ruido de joyas y relojes ostentosos-, Hollande se reivindica como un "presidente normal".
"Estoy convencido de estar acorde a los tiempos", insiste antes de asegurar que "el próximo jefe de Estado tiene que ser lo inverso de Sarkozy".
Compañero sentimental durante casi 30 años de Ségolène Royal, madre de sus cuatro hijos, Hollande logró en estos meses distanciarse de sus rivales a la primaria socialista.
Actualmente, Hollande tiene nueva pareja, la periodista de política Valerie Trierweiler, a quien se ha referido como "la mujer de su vida". Después de votar en su bastión de Tulle, se trasladó con ella a París.
De poco hablar en asuntos de sociedad, Hollande, diputado y presidente de región que nunca ocupó un cargo ministerial, se siente en cambio cómodo a la hora de hablar de "seriedad presupuestaria", un punto a su favor en momentos en que la crisis domina la campaña.