Entrevero y hegemonía

Francisco Faig

Las elecciones en el Pit- Cnt no delinearon una mayoría ni a favor ni contra del gobierno. Los comunistas llegaron primero, pero deben ceder espacios a sus aliados electorales-políticos. La corriente Articulación, más compacta, no se aseguró un papel protagónico a futuro. La apuesta de COFE ganó: si bien terminó tercera, su votación alcanzará para impedir toda reforma a fondo del Estado.

A los pocos días, la dura movilización de 5.000 trabajadores, con violentas ocupaciones, mostró a las claras que el frente sindical está lejos de abandonar su idea de "profundización de los cambios": la estrategia clasista y combativa mantiene todo su vigor.

En el mismo sentido, las declaraciones del presidente en Suecia, que adhieren a una solución legal para declarar imprescriptibles los crímenes de la dictadura, ponen en tela de juicio las garantías constitucionales de nuestra democracia. Pero además, vuelven a dar protagonismo a la intransigencia militante izquierdista.

La autoridad presidencial se va desgastando. No pasan quince días sin que algún integrante del poder ejecutivo contradiga al presidente. Fue Breccia sobre estas declaraciones en Suecia; fue el ministro de Salud por el tema de ASSE; fueron algunas de las autónomas autoridades de la enseñanza sobre la necesidad de un pacto nacional en educación; fue la cartera de Medio Ambiente sobre los terrenos en Rocha; fue Almagro sobre la ley de caducidad; fue parte del equipo económico sobre la utilización de las reservas del Banco Central antes, y sobre la pertinencia del impuesto a la tierra ahora. Canta con los Olimareños, y cree que la debacle de la educación pública se soluciona con "más cariño": su figura se aleja de las exigencias del estadista.

El salvavidas electoral que representa Vázquez, finalmente, perdió aire con sus declaraciones sobre la crisis argentina. Contradijo el reflejo antiimperialista de la izquierda que lo apoya. Y sobre todo, generó una polémica que desvirtuó su perfil de presidenciable inapelable y estratega sereno. Su anuncio de retirarse de la actividad política, recurso al que ya apeló en los `90, hace más nítida la opción frenteamplista: es Vázquez o el caos.

Sin embargo, a pesar de este formidable entrevero y de que las políticas públicas en salud, seguridad, educación, vivienda, defensa y relaciones exteriores son de mala calidad, los resultados de las encuestas no castigan este desorden. Las figuras de mayor simpatía siguen siendo Vázquez, Mujica y Astori. El piso electoral del FA sigue siendo de dos de cada cinco uruguayos, como desde 1999.

Da la sensación de que la hegemonía cultural de izquierda lleva a que la sociedad prefiera seguir equivocándose con el Frente a tener razón con los partidos tradicionales.

Los volantes por la reelección de Mujica que aparecieron en los festejos del Bicentenario ilustran este sentimiento hegemónico que amenaza, una vez más, con reformar la Constitución en un sentido bonapartista. Sobre todo si Vázquez no está. ¿Esto era el prometido país de primera?

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