Viva las ocupaciones

Entraron fábrica por fábrica, pateando todo e insultando a los que querían trabajar. Fue todo muy violento". Esa sola frase, dicha por el Presidente de la Cámara Metalúrgica, describe la situación en el sector, a partir de la huelga y las ocupaciones que ha desatado el sindicato, paralizando las empresas del rubro. Una medida que afecta nada menos que a 5.000 obreros, además de otros 2.000 vinculados de manera indirecta, que es ferozmente impuesta por los poderosos a la totalidad de los asalariados; porque pobre del que quiera seguir trabajando, de aquel que no esté de acuerdo con la decisión o, simplemente, no esté dispuesto a perder jornales, porque dinero que le hace falta para él o su familia. El derecho a trabajar en el Uruguay de hoy, no se respeta y la libertad del individuo, porque de eso se trata al fin de cuentas, se ignora y se violenta.

Y hablando de respeto por los derechos, qué decir del de propiedad, pisoteado con soberbia por el sindicato, sin tener en cuenta para nada que los dueños, los satanizados patrones, son aquellas personas que por tener vocación empresarial arriesgan y ponen su capital a producir, a la vez que generan puestos de trabajo y riqueza para el país y su gente. Algunos de forma más genuina que otros por supuesto, ya que muchas de nuestras industrias dependen de regímenes especiales, pero todos ellos merecen consideración por la función que cumplen y porque el derecho de propiedad se halla consagrado en la Constitución. Mal que les pese a los que por vía de los hechos estén decididos a desconocerlo.

Basta escuchar el desparpajo de un alto directivo sindical cuando comenta "algunos patrones están dentro porque los dejamos entrar". Aunque no es de extrañar semejante atropello, cuando desde el gobierno las señales que se han dado -desde la Admistración pasada- cuando se firmó el decreto que autoriza las ocupaciones, están tan sesgadas en su dirección. Ante el presente conflicto, el Ejecutivo lo que transmite es como "que aquí no pasa nada".

Los dueños de las empresas ni pueden entrar en ellas, ni proteger sus instalaciones impidiendo el ingreso de los huelguistas, porque saben que el Ministerio de Trabajo y los sindicalistas están deseando acusarlos de "lock out" patronal, definición que implica el pago de los salarios durante la huelga y los procesos judiciales los coloca en una posición de indefensión. O sea, tienen que dejar que entren, que ocupen su fábrica y rogar para que sus máquinas o lo que fuera, no terminen dañadas y que las pérdidas en dinero, mercadería o mercados, no sean letales para la futura viabilidad de la planta. La única alternativa es recurrir a la justicia presentando un recurso de amparo, junto con algunos trabajadores que no están sindicalizados y no acompañan la iniciativa de ocupar, dado que a las observaciones negativas respecto de las ocupaciones, realizadas por la Organización del Trabajo, en respuesta al planteo realizado por las cámaras empresariales el año pasado, les han hecho cero caso.

Lo que se está viendo en estos momentos, es que para los dirigentes gremiales lo que más importa son sus luchas de poder internas, cimentar su fuerza en base a conflictos y exigencias salariales o de otra índole, por más irrazonables que sean, con tal de conseguir sus objetivos personales. Y si la compañía se funde, si así se desalienta a los empresarios, a las inversiones, poco importa. Tal vez, termine el gobierno por dárselas a los obreros, para que hagan una cooperativa, como ya hay muchos ejemplos de los que a menudo se vanaglorian. Si no resultan rentables (también hay varios ejemplos), el Estado, es decir los contribuyentes, les inyectará dinero y los "nabos de siempre", tendrán que seguirles metiendo plata.

Actitudes como las del sindicato metalúrgico (y no es el único) son tan irresponsables y alejadas de la realidad que resultan muy preocupantes, cuando ese sector justamente, acaba de sortear un embate del proteccionismo que avanza por la región. Y condicen totalmente con las declaraciones de un empresario del rubro que hace poco decía que su fábrica podría tener 2.000 empleados, pero que aquí no se puede trabajar por culpa de los gremios. Dejaba el país y se iba a Brasil, donde hay sindicatos "más maduros".

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