Salud pública con los problemas crónicos

Dos gerentes obligados a retirarse, dudas sobre algunos fondos, paros, críticas duras de la oposición, un ministro con apoyo exclusivamente del oficialismo, un director que suele ser el centro de los ataques, problemas de gestión y complicaciones para los usuarios. El panorama en la salud pública no deja contento a nadie.

"Ya ven que tuve que llevarme a varios de los míos y esas cosas cuestan", dijo el presidente José Mujica en un Consejo de Ministros que no pudo esquivar concentrarse en ASSE. Los sacrificados habían sido el gerente general, Enrique Buccino, y el administrativo, César González. Fue por orden directa del presidente, enterado de que ASSE cargaba un déficit financiero y que no había rubros para contratar nuevo personal. El principal problema es dónde fue a parar el dinero que estaba asignado para cubrir vacantes, unas 700; eran unos 20 millones de dólares. Buccino, antes de irse, avisó que el dinero dedicado a las vacantes fue al rubro salarios. El ministro de Salud Pública, Jorge Venegas, contradijo al presidente y habló de que no había desvío de fondos.

El tema de ese dinero que no está llevó al ministro Venegas a la comisión parlamentaria, y ahora pesa sobre él la amenaza de una interpelación. No es una amenaza muy temible porque, se sabe, ese tipo de eventos suelen prometer más de lo que luego concretan y aún más en una cámara con mayoría oficialista. Todos los directores de ASSE admitieron los problemas de gestión, pero Venegas dijo que no existen.

Un comunicado desde la Presidencia dio a entender que sí, que quizás el presidente Mujica se había apresurado a pedirle a Buccino y González que se fueran, pero el asunto ya estaba liquidado. Alguno de ellos, como siempre, irá a parar a otros cargos jerárquicos, en la habitual política de premiar con un nuevo destino, ineficacias en el anterior. Al lugar de Buccino va Enrique Soto, del Fondo Nacional de Recursos.

La oposición quiere aprovechar como corresponde este nuevo frente político que abre la salud y mientras analiza la interpelación a Venegas, denuncia la mala gestión que provoca retrasos en la atención, hospitales convertidos en clubes políticos, graves incapacidades en la administración de recursos y por lo tanto, caos administrativo y financiero y molestias en los 1,3 millones de usuarios de los servicios de ASSE. Lo dejaron muy claro cuando recibieron a Venegas en el Palacio Legislativo. Allí se habló de corrupción, incapacidad y ocultamiento y se aprovechó, ya que estaban, para volver a pedir (incluso desde el oficialismo) el despido de Alfredo Silva, el director por los trabajadores, quien igual sigue blindado a las críticas (el presidente Mujica llegó a decir que estaba "harto" de él). La salida de los jerarcas fue aprobada con el voto contrario de Silva, quien suele quedarse solo.

No son las primeras autoridades de ASSE que dejan su cargo, en una lista que incluye a su expresidente, Mario Córdoba. La que nunca se va es la eterna promesa de que alguien se va encargar de encaminar, de una vez por todas, la salud pública en este país.

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