Elefante en bazar

Sebastián Da Silva

Los últimos episodios relacionados con el caos de ASSE renovaron las críticas hacia la falta de prudencia del Presidente Mujica.

Dueño de una verborragia infinita, el primer mandatario habla de todo, de todos y hasta por si fuera poco presta sus cuerdas vocales para hablar por uno de sus ministros. Es primer actor, extra y ventrílocuo. No escatima saliva a la hora de prenderse los micrófonos, no ahorra problemas al hablar de un amplio universo de temas y obviamente cada uno de sus dichos es analizado y criticado por propios y ajenos.

Convengamos que este estilo no es propiedad exclusiva de Mujica. El Pepe y Jorge Bat-lle no solo comparten una generación de políticos, sino que coinciden cual clonados en la forma de dirigirse a la opinión pública y autodestrozar sus respectivas imágenes.

Hasta el día de hoy, la mayor diferencia es que uno está gobernando en el mejor de los paraísos y Batlle sufrió en carne propia la peor crisis de la historia nacional.

Ahora bien, si los alaridos europeos se profundizan y en Uruguay cambia el rumbo del viento económico, veremos cómo lamentablemente la cuota de mesura, credibilidad, y confianza que todo presidente debe tener, quedará por el camino por alguien que salvo We are fantastic, viene cometiendo el mismo tipo de torpezas a la hora de gobernar. Erosionar la autoridad presidencial no es algo bueno, mucho peor, si lo que tenemos en el horizonte es un eventual default de proporciones desconocidas por el mundo. Lo hecho, hecho está, y queda perfectamente reflejado en las encuestas.

Personalmente tengo una teoría. Esta forma de gobernar no es exclusiva de Mujica. Forma parte de un estilo arraigado en la izquierda, donde escabullidos en la popularidad, sus gobernantes hacen caso omiso al manual de un buen y eficiente administrador. Algunos hablan mucho, otros informan de manera confusa, los dineros públicos son administrados con patética discrecionalidad, existe un macartismo permanente en la asignación de responsabilidades, donde no solo la derecha es mala, sino que es igual de malo todo aquel que no sea de la tribu del dirigente de turno, la planificación estratégica brilla por su ausencia, viven en un círculo vicioso con los sindicatos a costa de la plata de todos y las oportunidades se pierden un día sí y otro también.

La Universidad de este estilo es la Intendencia de Montevideo. Este es el ámbito donde se gradúan de militantes a dirigentes, para luego ascender al ámbito nacional.

Hoy hay una generación de políticos de izquierda que dependen de sus salarios públicos para vivir. Generar burocracia partidaria y tecnocracia gubernista es la última etapa en el proceso de tradicionalización del Frente Amplio, donde la política pasó a ser un fin en sí mismo y no un medio para transformar la realidad.

A partir del 2012, con la elección más a la vista, estas dificultades serán problemas, las internas serán caza de brujas, y la puja por la sucesión puede tener consecuencias imprevisibles.

Estar atentos es nuestra obligación.

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