BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO
En memoria de "El Petiso", como indicó el graph al cierre del primer programa, "La Biblia y el calefón" regresó a la televisión argentina con Sebastián Wainraich en la conducción.
Wainraich tenía, además, la enorme responsabilidad de reemplazar al creador del formato, Jorge Guinzburg. Esto sucede tres meses después del último programa del ciclo 2008 que grabó Guinzburg y que contó con el propio Wainraich como invitado.
Por lo menos, el sucesor puede estar tranquilo que pasó el primer programa con buena nota (en lo que al rating se refiere) aunque eso no lo dejó inmune de algunas críticas y comparaciones respecto a su antecesor. Imposible.
Sin embargo, no es un dato menor que Wainraich trabaje con el visto bueno de la mujer de Guinzburg, Andrea Stivel. Ella confió en él para encarar este nuevo ciclo de La Biblia e incluso, si se hiciera una encuesta, la mayoría indicaría que el exconductor de TVR es uno de los que más se acerca con el perfil de Guinzburg.
En contrapartida, durante la emisión del primer programa en las redes sociales se abría el debate. Rodrigo Lussich, panelista de Este es el show, preguntaba en su twitter si era posible imaginar No toca botón sin Alberto Olmedo. Otros planteaban si era necesario, que el ciclo tuviera el mismo nombre. Lo más importante para los realizadores es que el debut no pasó inadvertido.
Natalia Oreiro fue la única mujer invitada al primer programa. Junto a ella también fueron de la partida Adrián Suar, Ricardo Darín y Diego Torres.
La dinámica de este programa, que tiene formato de talk show, consiste en que el conductor ponga un tópico que sirva como disparador para que los invitados revelen experiencias y anécdotas. En esta ocasión, Wainraich propuso romper el hielo con un tema tan rendidor como recurrente: sexo.
A partir de esa premisa los invitados empezaron a compartir historias personales que, por lo general, son divertidas. Consciente que se trataba de la única chica, Oreiro fue clave para el desarrollo de este primer programa. Se mostró desinhibida para narrar sin pudor historias de su intimidad y su adolescencia. "Con una amiga, en las termas, conocimos a gemelos que se querían hacer pasar por el otro. Nosotras nos dimos cuenta, pero les seguimos el juego", recordó la diva local.
Obviamente, el embarazo de Naty se convirtió en un tema recurrente y así fue que surgió lo del nombre de su hijo. "Se va a llamar Merlín y lo eligió Ricardo (Mollo) que estaba entre Merlín y Atahualpa", explicó la uruguaya.
"Nunca un Pablo, un Joaquín, un Jonathan", comentó Wainraich, mientras que el resto asentaba que era un nombre original. "Igual, si no les gusta (el nombre) no me lo van a decir", cerró la morocha.
Con las salidas de Oreiro, sumado a la buena voluntad de Suar por animar la conversación y Darín, que se caracteriza por "remar" las entrevistas como nadie, La Biblia salió a flote. Ahora queda saber si con invitados de menor calibre Wainraich es capaz de arreglarse solo y dejar a un lado las comparaciones.
En cuanto a lo que tiene que ver con las cifras de audiencia, según datos hogares de Ibope Argentina, el debut de la La Biblia y el calefón en canal 13 de Buenos Aires hizo 13,7 y fue el cuarto programa más visto del domingo. El talk show perdió en la competencia directa con El hombre de tu vida, en Telefé que hizo 19,5.