El famoso director de cine coreano Kim Ki-duk presentó el sábado en el festival de San Sebastián su última película "Amen", una personal y hermética fábula sobre el amor, la vida y el cine.
"Es una película muy libre, muy sincera, por un lado, y por otro, muy irresponsable. Está hecha como me da la gana", dijo el cineasta coreano con una media sonrisa tras la exhibición de su película en la sección oficial a concurso del certamen donostiarra, pese a que él hubiera preferido que se proyectara fuera de competición.
La décimoquinta película de Kim Ki-duk, que se presentó mundialmente en San Sebastián, relata la historia de una joven que llega a Francia en busca de un amigo descubriendo que se ha marchado a Venecia. La joven emprende la marcha hacia Italia siendo violada y robada en un tren por un hombre con una máscara de gas, que la seguirá durante su periplo por Francia e Italia en busca de su amigo hasta producirse un acercamiento entre ambos.
"La película toca cuatro temas, el amor, la vida como contrario de la muerte, la vida como lugar donde vivimos y el cine", explicó el multipremiado cineasta surcoreano tras la proyección de su film, que dejó a más de un espectador perplejo, dado el hermetismo de la película, aunque eso ya no sea una sorpresa.
"Yo no pretendo recibir cinco estrellas de la crítica", añadió Kim Ki-duk, consciente de la dificultad de su nueva propuesta, muy personal y rodada prácticamente como si fuera un documental, en el que el director da entrada, incluso al ruido de fondo. "El ruido es el sonido de la vida", afirma.
De hecho, la película fue rodada con una única cámara y el cineasta aparece como guionista, operador de cámara, director y montador, con la única presencia junto a él de la actriz Kim Ye-na, la cual apareció deslumbrante este sábado en San Sebastián ataviada con un hanbok, traje típico de su país, de un blanco inmaculado.
"No me costó nada hacer la película. Prácticamente, sólo tuve que comprar unos billetes de tren, estaba trabajando solo, así que puedo decir que el presupuesto es cero", relató el cineasta, autor de obras como Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera o Arirang con la que consiguió el premio "Un certain regard" en la última edición del festival de cine de Cannes. Personal, la película se aleja de los parámetros de la mayoría de los espectadores y el propio cineasta reconoció que no esperaba mucho sobre su posible comercialización, pero que es una película que tenía que hacer.
"Siempre he pensado que para hacer una película hace falta el sistema y el capital. Dentro de este sistema no podía expresarme como quería, por lo tanto sentía que mis películas no eran del todo sinceras. Tenía ganas de librarme del sistema, de los espectadores y del capital", afirmó con una sonrisa el cineasta, quien también reconoció que su película es un poco un homenaje a Europa, que le descubrió como director de cine.
La película pugnará por la Concha de Oro al mejor film, máximo galardón del certamen, junto a la española No habrá paz para los malvados del director Enrique Urbizu y protagonizado por el actor José Coronado.
Este entretenido thriller policial, también presentado el pasado sábado, fue muy bien acogido por el público, que disfrutó con las desventuras de un inspector de policía envuelto en un triple asesinato, pero que acabará llevándole hacia un caso todavía mayor.
La sólida actuación de Coronado como el atribulado inspector Trinidad le hacen ya aparecer en las quinielas para alzarse con la Concha de Plata al mejor actor.