MATÍAS CASTRO
Cuando Jennifer Lopez y Marc Anthony, Tom Cruise y Katie Holmes, Brad Pitt y Angelina Jolie tuvieron sus respectivos hijos, la revista People les pagó fortunas para conseguir las primeras fotos en exclusiva de las familias. El tema siempre vende y por algo en esos y otros casos se paga mucho dinero para conseguir las primeras imágenes. Algo parecido, pero a escala rioplatense, ocurrió días atrás con la publicación de las primeras fotos de los hijos de Florencia de la V.
No sé si cobró o no por divulgar esas imágenes, tan de postal, pero lo que es seguro es que su maternidad-paternidad ha sido toda una revolución.
La llegada de los hijos de los famosos siempre es tema de expectativa, ya se trate de Tom Cruise o de Claudia Fernández. Es, en cierto modo, la misma expectativa que desata el nacimiento de un hijo de alguien que conocemos o es de nuestra familia, pero amplificada al mil por ciento por los medios de comunicación y sus intereses. Por eso sucede que, por ejemplo, cuando Pitt y Jolie tuvieron su hijo en Francia la cosa se convirtió en un acontecimiento internacional que recibió casi tanta atención como los actos por los diez años del ataque a las Torres Gemelas realizados este domingo.
En el caso de Flor de la V no ha sido exactamente un evento internacional, aunque la historia ha cruzado fronteras. Los niños, llamados Paul Alexander e Isabela, nacieron en una clínica de Estados Unidos. Ciertamente poca gente puede darse el lujo de instalarse en Estados Unidos para recibir a sus hijos de un vientre de alquiler, pero esa es otra historia. Un elemento que es parte medular de esta historia, y que probablemente convierte el caso de la argentina en único, o al menos en pionero, es el que tiene que ver con su identidad sexual. De la V no es la primera estrella travesti del mundo, pero con todo ha logrado algunas marcas que otras figuras no han alcanzado, que la convierten en referente para unos y en blanco de críticas para otros.