Una niña quedó en estado de coma en un sanatorio de Punta del Este, luego de que le aplicaran un suero que, por recomendación de la Organización Mundial de la Salud, debió haber sido retirado del mercado uruguayo en 2004. No solo eso: esta es la quinta vez que en nuestro país se aplica por error este suero en los últimos dos años. En tres instancias los pacientes fallecieron.
Esta noticia sigue de cerca a otra, no menos triste y alarmante: una paciente falleció en el Hospital Pasteur como consecuencia de haberse caído de una cama en la sala de cuidados intermedios.
En esta oportunidad también corresponde agregar "no solo eso": esta fue la sexta caída de una cama en dicho nosocomio, donde el gremio de funcionarios de ASSE ha denunciado que el mobiliario es defectuoso. Por ejemplo, las barandas de muchas camas están sujetas con leuco o cintas porque ya no se sostienen por sí solas.
Es comprensible que a veces se cometan errores en el ámbito de la salud. Pero lo expuesto supera por lejos lo que puede ser calificado como mero error. Se trata de la vida humana tratada con ligereza. Se trata de algo totalmente inadmisible, puesto que cabría supone que las personas deben poder confiar enteramente en quienes los atienden, en quienes deberían ser los más aptos para ayudarlas a superar un trance difícil. Dicho más claramente: ponen la vida en manos de los técnicos y esa vida, ese precioso bien, no es valorado debidamente. Algo increíble en un país cuyo nivel de atención médica solía considerarse muy bueno. Es de esperar que la Justicia intervenga, para que los responsables de estos hechos sean sancionados en la forma ejemplarizante que corresponde.