Hermenegildo Sábat trae su nueva pintura a Montevideo

Exposición. "Héroes de la dependencia" se verá en el Espacio Contemporáneo

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JORGE ABBONDANZA

Este miércoles, a las 19 horas, se abrirá la muestra "Héroes de la dependencia", flamante serie de pinturas de Hermenegildo Sábat, que podrá verse en el Espacio Cultural Contemporáneo, de Plaza Independencia 737.

Hace 45 años que Sábat pasó a vivir en Buenos Aires, donde se lo ha aclamado como maestro de la ilustración periodística, labor de tremenda notoriedad que ha relegado indebidamente la atención general sobre su otra imagen de pintor y hasta explorador de lenguajes del arte visual, que le ha servido para transitar por la iconografía de celebridades e ídolos populares, aunque también para derivar hacia alguna etapa no figurativa.

Nacido en Montevideo en 1933, el artista nunca ha perdido su vínculo con el Uruguay, al que suele visitar y donde exhibe su producción con cierta regularidad. Lo que trae ahora es una exposición que ya mostró en la Argentina, mientras la broma del título (doblemente afilada en un momento en que los países rioplatenses celebran bicentenarios) se asocia con la indefinible identidad de los personajes que componen su hilera de retratos.

Allí desfilan hombres y mujeres que tienen la cara de nadie, y que por eso mismo es la cara de todos. Deliberadamente, esa fauna sintetiza lo que Sábat ha plasmado durante décadas en sus dibujos de los diarios, es decir la incisiva distorsión de fisonomías para jugar con la intención que las desfigura. La caricatura, una palabra que proviene del verbo italiano "caricare" (es decir, cargar) se ocupa de acentuar ciertos rasgos para tomar el pelo o castigar a ciertos personajes, con una eficacia satírica que confiere al género no solamente el humor que lo envuelve habitualmente, sino asimismo el alcance crítico que esa carga otorga al resultado. Solo que ahora lo que hace el artista es levantar vuelo sobre esos retratos con nombre y apellido para convertirlos en compendios de la apariencia de sus congéneres y sumar en ellos múltiples notas de ridículo, fealdad, decrepitud, grotesco o ferocidad, como si toda una comunidad quedara estampada en ellos igual que en una suma que la abarca por completo y un balance de la familiaridad del artista con los semblantes ajenos.

Sábat había dibujado unos cuantos años en El País, luego de su paso juvenil por otras publicaciones montevideanas, antes de llegar a Buenos Aires en 1966 y desembocar en un largo vínculo con el diario Clarín, cuyo gran tiraje ayudó a divulgar su estilo y su nombre. Con el paso de los años creció en prestigio y en fama hasta alcanzar un plano de consagración personal que le valió la obtención de premios y distinciones internacionales, además de un largo reconocimiento rioplatense. Cuando se observa su obra pictórica, conviene detenerse a disfrutar la modalidad guiada por una energía muy libre, que es el instrumento de lenguaje con que vuelca sus trazos y resuelve sus imágenes, a menudo robustecidas por una paleta de radiante cromatismo, una generosa textura y una mano enormemente suelta para elaborar cada silueta sobre pinceladas ondulantes y de expresividad invasora. Ahora el público local podrá asomarse a sus héroes burlones y sin nombre, que abren un margen de reflexión sobre la mirada irónica de quien los entrega y de paso permiten el dilatado placer de la contemplación.

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