MATÍAS CASTRO
Una vez escuché a un productor de un festival cultural de España que decía: "No esperen una manifestación de gente por 18 de Julio reclamando historietas. No la habrá. Ustedes tienen que hacer las cosas por su cuenta". Dudo que Ricardo Fort haya escuchado eso, pero sin duda que no esperó una manifestación de gente por la avenida 9 de Julio de Buenos Aires reclamando que se dé un beso con un hombre. Que yo sepa nunca se dio tal cosa y, sin embargo, Fort dijo que el beso que se dio con un hombre en su musical televisado el otro día era en respuesta al pedido popular.
"¿Querían verlo? Ahí tienen lo que querían", dijo el argentino en una entrevista que ofreció al portal Terra hace un par de días. Repito: no tengo noticias de reclamos populares sobre los besos de Fort. Claro que, por otra parte, están las mil y una horas de debates entre chismólogos y chismógrafos sobre su sexualidad, también las decenas de miles de palabras escritas al respecto en páginas de chimentos. Toda esa especulación, combinada con el factor "millonario con el berretín de ser artista", es lo que ha dado forma a la leyenda de Fort. Aunque pensándolo bien, decir "leyenda" tal vez sea atribuirle mucha importancia. Podría ser más apropiado decir simplemente "imagen".
Algo de relevancia tiene igualmente. Después de todo, su vuelta premeditada a los medios ha sido el tema dominante en el mundo televisivo del Río de la Plata. Y todo rematado con el encontronazo que tuvo con Flavio Mendoza en ShowMatch. El hecho, por cierto, pareció parte del guión: "Dejate de embromar, si somos dos mariquitas. Me conocés de Bunker de toda la vida", dijo Mendoza. "Soy bien machito y me gustan los hombres machitos", dijo Fort. Visto así parece todo un gran chiste. "Sí, lo sé. Si le pagabas mil mangos para llevarte tipos de gato a tus viajes", le agregó Mendoza. Como la cosa no quedó ahí, sino que terminó en un golpe de Fort al otro, el chiste desapareció. Pero Fort logró su objetivo.