Juan Martín Posadas
El Uruguay es un país pequeño. Esto tiene algunas ventajas pero en lo económico es un inconveniente; el Uruguay no puede tener una economía independiente, basada en decisiones autónomas. Lo que está a nuestro alcance es acomodar el cuerpo, en unos casos para que las crisis del mundo no nos despedacen y en otros para que sus bonanzas nos lleven en la ola. Pero para acomodar el cuerpo con éxito hay dos requisitos indispensables: información y cintura; información de dónde viene el viento y flexibilidad para maniobrar.
Estamos en un momento en que la situación mundial de la economía es de ruina para algunos pero para nosotros es de formidable bonanza. Ante esa situación podemos reaccionar de dos maneras: aprovechamos para gastar y disfrutar o aprovechamos para invertir, pagar cuentas viejas y ahorrar.
Mujica ha manifestado públicamente su desaprobación al festival de consumo que se ve por todos lados. Él tiene un comportamiento personal austero y una filosofía contraria al consumo dispendioso. No discrepo: la farra del consumo, aunque haya resto para mantenerla, es un exceso que, con frecuencia, tiene carácter de desplante; es preferir lo superfluo sobre lo sustantivo, lo fugaz sobre lo duradero y lo ostentoso sobre lo consistente. Pero Mujica no se da cuenta que él está haciendo con el país lo que le critica a los consumistas. Él, o su gobierno, o su partido. El aumento de la recaudación que produjo el crecimiento del PBI se ha ido en asistencialismo y en burocracia. No ha quedado dinero disponible ni para bajar el déficit ni para hacer obra pública. Por eso no hay plata para arreglar las carreteras (no digamos hacer nuevas) ni para el Hospital Militar. Algo parecido sucede en la administración frentista del Departamento de Montevideo: recauda a lo grande pero siempre le falta. Debe sesenta y cuatro millones de dólares y el déficit de este año agrega otros treinta.
Hay quienes lo imputan a irresponsabilidad o demagogia. En ciertos casos es así, pero conviene mirar más adentro. Para las izquierdas la acumulación de capital es siempre sospechosa cuando no directamente censurable. La misión que se atribuyen y de donde obtienen su identidad es la distribución. Además las izquierdas tienen un fuerte sello ideológico. Eso las lleva a dispensar la búsqueda de información superviniente y les quita posibilidad de cintura; bien sabida la doctrina no se precisa más información ni se debe recular un paso.
La próxima rendición de cuentas ha asustado al Ministro de Economía porque ve a los legisladores del Frente con largas listas de gastos para presentar. Ni Mujica pidiendo austeridad ni Lorenzo pidiendo moderación van a convencerlos porque la identidad política de esos legisladores (así como la de su clientela electoral) está jugada en eso. No creen necesitar ni más información ni más cintura. Ta.
No sabemos qué duración tendrá la bonanza que está llegando. Ojalá dure mucho. Pero es en vano esperar de fuerzas políticas marcadas con el sello de la izquierda un plan de aprovechamiento de la bonanza para invertir, para hacer obra pública o para enjugar deuda. No hay base para esperar ello; ni base filosófica ni base política.