HORACIO BAFICO/GUSTAVO MICHELIN
La coyuntura da señales de aceleramiento, con el PIB creciendo por encima del ritmo histórico, una inflación alta y la población con pretensiones de consumo cada vez mayores, lo que lleva a evaluar si existe o no peligro de recalentamiento.
La revista The Economist realizó una evaluación internacional del nivel de recalentamiento de las principales economías emergentes, según informó ayer El País. Este ranking está encabezado por Argentina y Brasil, lo que hace pensar en primera instancia que estamos ubicados en un "barrio" que se está recalentando. Cuando la temperatura es demasiado alta se prende una señal de alerta: si la región mantiene el ritmo de crecimiento actual sin hacer las reformas que lo sostengan, corre peligro de tener que sufrir un fuerte ajuste.
Analizando los números de Uruguay que corresponden a los indicadores que utilizó The Economist para realizar esta evaluación internacional, se confirma que nuestro país califica para estar en esta zona de recalentamiento y que los síntomas se van agravando trimestre a trimestre.
Las últimas cifras de cuentas nacionales ya dan un indicio de que detrás de las altas tasas de crecimiento se oculta un notorio desbalance entre sectores. Hay mayor dinamismo en las actividades volcadas al mercado interno que presentan incluso algunos cuellos de botella que hacen que suban los precios internos de los factores de producción que están más limitados, notoriamente los salarios. La baja tasa de desempleo, que se ubica en un nivel friccional, también da cuenta de ello.
Los indicadores locales nos dicen que algo está pasando. Aquellos de carácter físico, como ser nivel de actividad y desempleo son los más contundentes. En los últimos tres años la economía creció a una tasa promedio anualizada del 6,8%. Comparada con el promedio histórico del país (2,5%) es muy elevada. Incluso es muy alta comparada con una tasa de crecimiento tendencial del 4% que recoja los innegables aumentos de productividad que ha experimentado la economía. Algo parecido se desprende del indicador de desempleo que en el último registro se ubica en el 6,4%. Se trata de un nivel históricamente bajo ya que los estudios sobre el mercado de trabajo uruguayo consideraban el 8% como un mínimo aceptable.
La contracara del fuerte crecimiento son los cuellos de botella que se forman y que se trasladan obviamente a los precios, otro de los indicadores utilizados para analizar si la economía se está recalentando.
En los últimos 12 meses la variación acumulada del IPC ascendió al 8,7%, acelerándose claramente frente al 6,9% que se registró al cierre del pasado año. Pero si se miran los precios de los bienes no transables internacionalmente la variación en el último año se ubica por encima del 11,5%, en una señal de recalentamiento en ciertas actividades que arrastra al resto.
Hay otra serie de indicadores que se utilizan para medir esta temperatura que todavía no ha alcanzado niveles preocupantes como los de Argentina o Brasil en cuanto a su incidencia en el recalentamiento económico. Sin embargo, debido a la trayectoria que reflejan en los últimos trimestres, dan la pauta que es posible que pronto ingresen plenamente en la zona de alta temperatura. Se trata de los indicadores vinculados al sector financiero como ser el crédito y la tasa de interés real. Son dos variables que tienden a exacerbar la demanda interna y por lo tanto generan el combustible para que se expanda e incremente la temperatura de la economía.
Una primera lectura de la evolución del crédito al sector privado indica que está creciendo levemente por encima del PIB nominal, situación que nos ubica muy por debajo del caso de los vecinos que presentan desvíos superiores a los diez puntos porcentuales. Sin embargo, la tasa de crecimiento del crédito al sector privado en los últimos meses se ha acelerado y hay que tener presente que el PIB está creciendo muy por encima de su tasa potencial.
En cuanto a la tasa de interés en pesos, la misma no es inferior a la inflación, pero tampoco es lo suficientemente alta en comparación con el crecimiento que está teniendo la economía. El desvío es más contundente en cuanto se observa la tasa de interés en dólares ya que, apreciación de la moneda mediante, se ubica en niveles reales muy negativos impulsando el consumo o la inversión.
Finalmente, el recalentamiento se debe reflejar en que el consumo supera el ingreso global y por lo tanto la economía se está endeudando o desahorrando. Cuando esto sucede, el saldo de cuenta corriente es negativo y llega a porcentajes del PIB superiores al 3%. El nivel al cierre del primer trimestre se ubica en 1,2% del PIB pero viene creciendo desde el año pasado. Esta tendencia ocurre a pesar de que los precios de nuestras exportaciones aumentan más que el de las importaciones y que la temporada de turismo ha sido excepcional en cuanto a la liberación de los puentes que permitió un crecimiento de los visitantes desde Argentina.
El barrio tiene todos los síntomas de alta temperatura y riesgo de recalentamiento y Uruguay no es la excepción. Actualmente es el nivel más alto que hay en todo el mundo. Aunque no lo parezca, es un problema para la política económica que tiene la obligación de propiciar las reformas estructurales que permitan sostener el crecimiento y evitar las que pueden precipitar una caída o hacerla más dolorosa.