MATÍAS CASTRO
Los Fondos de Incentivo Cultural cumplieron dos años y acaban de comunicar sus 98 proyectos culturales premiados. En este período se han distribuido unos 12 millones de pesos a través de incentivos fiscales.
Los Fondos de Incentivo Cultural son un programa que depende de la Dirección Nacional de Cultura y son administrados por el Consejo Nacional de Evaluación y Fomento de Proyectos Artístico Culturales. Este año distinguieron proyectos tan diversos como Criollita de mi pueblo (una gira de Malena Muyala por el Interior), la película animada Selkirk, la Feria del Libro, la gestión de la Comedia Nacional, la obra Shanghai, un grupo de payasos que hacen trabajo terapéutico, el grupo Contradanza, el disco Radamor (un homenaje de Samantha Navarro a Rubén Rada), la historieta sobre áreas protegidas llamada Otras historias (de Beatriz Miranda y Guillermo Fernández) y el Archivo Digital Alfredo Zitarrosa, entre otros.
"Es un mecanismo muy nuevo. Nos obliga a trabajar con flexibilidad porque el proyecto va mutando y se va ajustando. Tiene todo para modificarse y seguir creciendo", explicó Claudia Mera, coordinadora de los Fondos. Comenzaron a funcionar en junio de 2009, en pleno período de campaña electoral, cosa que les complicó la gestión de apoyos de parte de empresas.
Pero eso que empezó de forma tímida ha crecido exponencialmente entre el año pasado y lo que va de éste. En aproximadamente un año, por ejemplo, el Fondo Global pasó de disponer de un millón de pesos a ocho. El año pasado se cerró con seis empresas participantes mientras que éste se suman a razón de una o dos por semana, de acuerdo a datos que aporta la coordinadora.
Este programa se organiza de dos maneras: a través del Fondo Global y a través del apoyo a proyectos particulares. El llamado Fondo Global es aquel en el que diversas empresas hacen depósitos de dinero, que luego el Consejo de los Fondos de Incentivo distribuirán entre los proyectos candidatos. Los proyectos particulares gestionan donaciones de dinero ante empresas e instituciones que, amparadas por este programa, obtienen incentivos fiscales de entre 40 y 60 por ciento del dinero que aportan.
El procedimiento consiste en que los emprendimientos se presentan al llamado periódico de los Fondos en ocho rubros (Audiovisual 1, Artes visuales, Danza, Letras, Multidisciplinarios 2, Museos, Música, Teatro). Los jurados de cada rubro emiten su fallo en función de criterios como el nivel artístico, el contenido, la proyección y la viabilidad.
Los que son premiados (este año fueron 98) están aptos para gestionar donaciones de empresas y hacer que las mismas tengan una devolución impositiva por sus aportes. Al ser donaciones, para empezar, las empresas no pagan IVA, cosa que ya es un primer estímulo, señala Mara. Luego las empresas reciben un certificado de los Fondos que los habilita a descontar entre el 40 y el 60 por ciento de lo que aportaron.
"Se impulsa una veta de responsabilidad social y cultural de las empresas en las que se aporta la visibilidad de cada proyecto", decía Mara. No todos los proyectos están en manos de gestores o productores con experiencia. Por eso mismo la oficina de los Fondos trata de ayudar a profesionalizar a los responsables y a fomentar el vínculo con las empresas a través de distintas iniciativas.
Uruguay no está aislado en estas experiencias, ya que en Chile y Brasil se emplean programas similares en objetivos, pero con herramientas distintas que apuntan a que haya una relación directa entre los proyectos culturales y las empresas que eventualmente los patrocinarán. La gran diferencia, según Mara, está en que en Uruguay hay una intervención directa del Estado. "Nuestra estructura es muy garantista. Por un lado es más simple que el Estado no esté en el medio, pero por otro se evita que pase lo de Chile y Brasil, en cuyos sistemas quedan dentro solo proyectos fuertes que tienen capacidad de generarase. Acá la idea es fomentar y sostener el patrocinio".