Mónaco de fiesta; se concretó el enlace real

Rumor. Versiones sobre una posible separación sonaron fuerte hasta último momento

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MÓNACO | AFP

El príncipe Alberto II de Mónaco, heredero de una dinastía que reina desde hace más de 700 años, y la excampeona de natación sudafricana Charlene Wittstock contrajeron ayer matrimonio por lo civil, en una breve ceremonia en la Sala del Trono del Palacio de Mónaco.

Vestida de azul, el color de sus ojos, la joven rubia recibió el título de Alteza Serenísima princesa de Mónaco, tras su matrimonio con Alberto II, veinte años mayor que ella y jefe del segundo Estado más pequeño del planeta, después del Vaticano.

"Los declaro marido y mujer", dijo a la pareja Philippe Narmino, presidente del Consejo de Estado y director de los servicios judiciales de Mónaco, que ofició la ceremonia a la que asistieron las hermanas del príncipe, Carolina y Estefanía, sus hijos, y la familia de Wittstock. Luego de dar el sí, el príncipe y la ahora princesa esbozaron sonrisas, y se dieron un brevísimo beso cariñoso pero no apasionado.

La ceremonia, que empezó a las 17 horas y duró escasos quince minutos, puso fin a la incertidumbre que rodeaba desde hace unos días el enlace, a raíz de los reportes de prensa que revelaban que Wittstock estaba decidida a suspender todos los preparativos de la boda y tomar un vuelo "sin retorno" rumbo a Sudáfrica, a raíz de "revelaciones" sobre Alberto.

Luego de la ceremonia, la pareja salió al balcón del palacio a saludar a los varios miles de monegascos que fueron invitados a ser testigos del enlace civil, y que siguieron la boda en grandes pantallas instaladas en la plaza del Palacio, agitando banderas rojas y blancas, los colores de Mónaco.

La ceremonia religiosa tendrá lugar hoy a las cinco de la tarde, no en la catedral donde se casaron los padres de Alberto, Rainiero y Grace Kelly, sino al aire libre, en el patio de honor del palacio. De esta manera, se terminará de sellar el enlace que en los últimos días mantuvo en vilo a los monagescos, quienes insisten por lo bajo que lo que les interesa es "un bonito bebé gateando en el Palacio real".

"Llevamos años esperando que el príncipe se case y nos dé por fin un heredero", dijo Raymonde, una monegasca de 81 años, que admitió que Alberto, que ha tenido dos hijos fuera de matrimonio, es "un mujeriego". Y "Charlene lo sabe bien", agregó la anciana.

Tras la boda civil, Alberto y la princesa de Grimaldi se reunieron con sus súbditos en la plaza del palacio, para degustar una comida al aire libre, en la cual se ofrecieron platos sudafricanos, en honor al país de la novia, y también exquisiteces mediterráneas. Además, el músico Jean Michel Jarre ofreció un concierto por la noche.

Hoy a la medianoche un espectáculo de fuegos artificiales concluirá los tres días de festejos de este matrimonio del que depende el futuro del pequeño Estado, un paraíso fiscal que atrae a grandes fortunas y celebridades del deporte y la moda.

El principado, que no se salvó de la crisis financiera mundial, espera que la boda de Alberto y la ahora princesa Charlene Grimaldi ayude a reactivar su decaída economía y a redorar el blasón e imagen del enclave de dos kilómetros cuadrados y 35 mil residentes, que afronta la competencia de otros países en la lucha por atraer a las grandes fortunas.

El turismo, que retrocedió un 9% en 2009, antes de recuperarse un 6% en 2010, espera también beneficiarse de este acontecimiento feliz en Mónaco, cuya familia reinante, los Grimaldi, ha conocido una secuela de dramas y tragedias.

Los hoteles están llenos (2.700 cuartos, en hoteles de los cuales el 90% tienen cuatro estrellas), y en las engalanadas calles de Mónaco se ven a miles de turistas, atraídos por los festejos organizados en ocasión de la boda.

"El enlace fortalecerá el impulso que le hace falta a Mónaco", estimó el director de Turismo del principado, que recordó cómo el matrimonio de cuento de hadas del príncipe Rainiero y Grace Kelly, en 1956, transmitió una dosis de magia y optimismo que se contagió también a la economía.

Más datos sobre la polémica boda

La pareja firmó el registro con una lapicera de oro y piedras preciosas, adornada con su monograma, creada especialmente por la casa alemana Montblanc.

La boda fue la primera para Charlene Wittstock y Alberto II, aunque el príncipe ha reconocido la paternidad extramatrimonial de dos niños. Los museos y estacionamientos son gratis durante los tres días de celebraciones, e incluso se ofrecen ensayos gratis de un automóvil de carrera así como una "tarifa especial" (50 euros) para un vuelo en helicóptero.

Un millar de periodistas de todo el mundo se han acreditado para las festividades, que comenzaron el jueves por la noche con un concierto gratuito a cargo de la banda estadounidense de rock The Eagles.

Los residentes del principado atestaron la plaza frente al palacio donde se realizó la ceremonia con la esperanza de ver a los recién casados en la primera de dos jornadas de festividades.

Tensión antes de la boda

MÓNACO | Últimamente corrieron rumores acerca de la aparición de un tercer hijo ilegítimo de Alberto II que habría provocado que Wittstock -que nació en Zimbabwe pero se mudó a Sudáfrica cuando era niña y representó a ese país como nadadora en las Olimpíadas de Sydney en 2006- quisiera cancelar la esperada boda a último momento.

Por su parte, el palacio real rechazó los "desagradables rumores`` considerándolos fruto de la envidia, y un colaborador del príncipe dijo que la pareja estaba "afectada`` por ellos.

La tensión se hizo evidente cuando Wittstock habló en una entrevista televisiva antes de la boda sobre su deseo de tener hijos: "Amo a los niños y siempre he querido tener hijos propios``, dijo. Alberto, a su lado, apretó los labios en una sonrisa tensa y dijo: "Veremos qué pasa en los próximos meses o años``.

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