NEW YORK TIMES | JON PARELES
Estoy listo para la nube. Y pronto, espero, ella estará lista para mí. Durante las últimas semanas han aparecido muchos anuncios de música que se instala en la nube, el nombre poético que se le ha dado al almacenamiento en línea.
Nube es ese sistema de almacenamiento y también es el software que promete que vidas enteras de música estén disponibles para cualquiera, en cualquier lado. Siempre y cuando tengan conexión a Internet. (Esto, por supuesto, está algo lejos de la realidad, pero los técnicos más utópicos tienden a ignorar el simple hardware).
Yo no puedo esperar. Desde que la música comenzó a emigrar a Internet a mediados de los noventa, he deseado que mi colección de discos se evapore, simplemente para que cada canción que preciso en cualquier momento esté disponible sin tener necesidad de almacenar el resto.
Pero yo tengo, como dicen, necesidades especiales. En mis tres décadas como crítico he recolectado más vinilos, cd y archivos digitales de lo que sabría manejar. Una limpieza periódica no puede arreglar la suma de los veinte o treinta discos que me llegan por día. Los saturados estantes que van del piso hasta el techo ya se están doblando bajo el peso de miles de Cd y LP. Cualquier afecto que pueda haber tenido por los empaques físicos, sin importar qué tan elegantes o únicos sean, ha desaparecido hace mucho. Es una biblioteca de referencia, no una colección de arte.
Y crece y crece porque nunca sé qué necesitaré. Así que preferiría tener todo eso en la nube y no en mi apartamento.
Pero desmaterializar la música tiene sus consecuencias. En el lado positivo multiplica enormemente el público potencial y permite que la música viaje más rápido y más lejos hasta los oyentes que de otra manera jamás sabrían que existe. Aumenta la "portabilidad" de la música, así como agrega una nueva función (como los relojes, cámaras, calendarios, diarios, juegos y videos) a los omnívoros smartphones. Eso es gratificación instantánea, pero con una trampa. Los smartphones no son prestigiosos precisamente por su calidad de sonido. Y la compresión MP3, que ha hecho la música tan portátil ya le había robado algo de fidelidad, incluso antes de que alcance las orejas del oyente.
El ritual de poner un disco de vinilo y ajustar un equipo hi-fi desapareció. ¿Cuándo? Tal vez con el casete y el walkman, los antepasados del reproductor de MP3. Incluso la idea de tener un reproductor de MP3 por separado es un tanto vieja. Los smartphones lo harán todo (de forma solo correcta, porque la conveniencia entorpece la calidad). Aquellos que recuerden la radio de transistores, aquellas exmaravillas en miniatura que hoy parecen ladrillos comparados a los reproductores de MP3, pueden nuevamente experimentar el sonido de un altoparlante inadecuado destrozando una canción.
Como la última década ha demostrado en abundancia, liberar la música de los discos también baja el precio de lo grabado, a menudo a cero, porque desmaterializa lo que solía ser una fuente de ingreso para músicos y compañías de grabación. Los derechos generados de las ventas de MP3 y de suscripciones digitales difícilmente puedan hacer la música tan lucrativa como antes ocurría con los discos.
También hubo otro efecto, menos cuantificable, de la separación de la música de su empaque físico. Las canciones se han vuelto triviales, a falta de una mejor palabra para decirlo. Y esto no se debe a que los mejores músicos hayan bajado los brazos, sino a una combinación inesperada de una cantidad casi infinita de canciones, disponibilidad constante, sonido menos que óptimo y la intangibilidad que siempre pensé que yo agradecería.
Ahora todos, no sólo un crítico, pueden sentirse arrastrados por la marea de la música, con infinidad de opciones a mano. Pero cada una de esas opciones son reducciones de las cosas, accesibles sin esfuerzo, descartables de inmediato, son solo íconos en una carpeta o en una pantalla del tamaño de un bolsillo con un sonido del tamaño de un bolsillo. La parte tramposa, ahora más que nunca, es hacer que cada lanzamiento se parezca a un evento. Hay que darle a una canción algo más que una simple caída desde la nube. Esto presenta un desafío a los músicos culturalmente ambiciosos. Antes de que sean más grandes que la vida, tienen que ser más grandes que esas pequeñas pantallas LCD.
El nuevo disco de Bjork, Biophilia, saldrá dentro de poco con una aplicación de smartphones para cada una de sus canciones. Estas aplicaciones, o programas que funcionan dentro del celular, diagramarán las canciones con notas gráficas en la pantalla, que convertirán visualmente las canciones en un fenómeno científico como sistemas planetarios o estructuras de cristales. Esto hará que los oyentes jueguen con los componentes de la música para crear sus propias canciones.
"Estoy emocionada de protagonizar un apretón de manos tan distinto entre el sonido y el objeto", dijo Bjork. "Parece que, como le ocurre a cualquier pareja que lleve décadas juntas, esto exige algo aparte. Es como una luna de miel del nuevo formato, en donde puedes afectar la dirección de todo y las cosas como el disfrute, el amor y la libertad vuelven a importar".
Agregó: "Definitivamente quería que las canciones fueran una experiencia espacial, en la que puedes jugar con una luz, un cristal o la luna y la canción cambia. Quiero sentir que las aplicaciones están a la par que las canciones, del mismo modo que siempre apunté a que el video musical esté a la altura de la canción. No siempre funciona, pero tienes que apuntar a eso".
Varias formas para escuchar, gratis o no
En las últimas semanas, Amazon, Google y Apple han anunciado servicios de almacenamiento de colecciones individuales de música en la nube, siempre lista para el acceso en línea y para la sincronización con múltiples dispositivos. Pandora, una radio de Internet que extrae las listas de reproducción de música de las preferencias de los usuarios, cosechó cientos de millones de dólares con una enorme oferta inicial en la Bolsa de Valores, aunque luego tuvo una caída en el precio de sus acciones, debido a que los costos operativos y los gastos por derechos de autor le impidieron tener ganancias de verdad.
Hace poco apareció Dar.fm, un servicio gratuito que graba estaciones de radio y, como extra, convenientemente indexa toda la música que surja de esas estaciones y que venga digitalmente etiquetada.
Otras empresas, como Rdio, MOG, Napster, Rhapsody han ofrecido grandes catálogos de música bajo demanda (y transferible a dispositivos móviles) con servicios de suscripción. En Europa la empresa Spotify está haciendo algo similar.
Y eso por no mencionar la gran cantidad de fuentes no autorizadas para acceder a la música. Virtualmente cualquier disco puede ser encontrado para descargar con una simple búsqueda. Gratis o paga, la nube ya está activa.
Por el momento, los reproductores de música hechos para la nube no me han impresionado. Cada uno tiene un mecanismo, opciones, limitaciones y precios distintos. Pero todos dependen de que primero subas tu colección de MP3 a la nube.
El programa Beta´s Music Manager, de Google, ha funcionado sin parar durante días en mi computadora. Y apenas ha subido a la nube un tercio de las casi 4.000 canciones de mi disco duro. Los servicios de Amazon y Apple subirán automáticamente la música que compres a sus almacenes online para que ya la tengas ahí. Apple promete que a fin de año implementará un servicio llamado iTunes Match, que escaneará y reconocerá la música que tengas en tu iPhone y agregará a tu almacén en la nube sus propias copias, sin necesidad de que subas los archivos.