THE NEW YORK TIMES | PAMELA PAUL
¿Quién quiere ver a una preadolescente en la gran pantalla? Esa es realmente una pregunta seria, y con la cual Hollywood ha lidiado en los últimos años. Al parecer, no termina de encontrar la respuesta.
El mercado preadolescente es, por cierto, grande. En la televisión, espectadoras preadolescente han catapultado a las mellizas Olsen, Miley Cyrus y otras estrellas de Disney, algunas de ellas apagadas hoy, hacia éxitos comerciales (aunque no necesariamente críticos) mayores. En las librerías, las preadolescentes (la definición fluctúa, pero abarca aproximadamente a las chicas entre nueve y catorce años) han elevado a las listas de best-sellers a series que van desde la ficción realista hasta la fantasía.
Sin embargo, rara vez esas heroínas se han convertido en grandes éxitos cinematográficos. Una adaptación en 2007 de los amados libros de Nancy Drew, protagonizada por Emma Roberts, rebajó estratégicamente la edad de su protagonista hasta los 14 pero solamente recaudó veinticinco millones de dólares en la taquilla norteamericana. Algo semejante ocurrió el pasado verano con la adaptación de Ramona and Beezus de Beverly Cleary. Ni siquiera Anne Hathaway logró llamar demasiado la atención en 2004 con Ella enchanted, basada en el libro de Gail Carson Levine, ganador del premio Newbery Honor, sobre una muchacha de 14 años.
Las protagonistas de estos libros suelen tener buen corazón pero no ser bondadosas "full time". Son listas pero no insoportables, deseosas de agradar pero no siempre capaces de hacerlo. Suelen padecer emociones conflictivas que a veces no comprenden. Y, lo que es más importante, suelen poseer la fórmula dorada de las heroínas preadolescentes y adolescentes. Los lectores pueden relacionarse con ellas, querer ser como ellas, y a veces sentirse superiores, todo al mismo tiempo.
"Las chicas de esta edad atraviesan un período de cansancio e hiperactividad", dice Sarah Hentges, autora de Pictures of girlhood: Modern female adolescence on film, "pero eso no aparece habitualmente retratado en el cine".
Los personajes que reflejan esa realidad tienden a recibir mejores críticas, pero no a triunfar comercialmente. La aspirante a periodista de nueve años encarnada por Abigail Breslin en Kit Kittredge es inteligente y quiere algo más que socializar. Y, como en Pequeña Miss Sunshine, Breslin, con su físico desgarbado y su agradable sonrisa, no oculta la falta de elegancia de su edad. Infortunadamente, al público no le importó. Kit recaudó apenas 19 millones.
En general, las películas independientes para público adulto, que no necesitan preocuparse tanto por el "marketing", lo hacen mejor a la hora de retratar la preadolescencia. Reese Witherspoon hizo su memorable debut en The man in the moon, encarnando a una muchacha de catorce años que lucía aniñada, y al mismo tiempo sugería sexualidad y emociones complejas.
Personajes juveniles convincentes solían aparecer en lo que alguna vez se llamaron "películas familiares". Mucha gente descartó las películas de acción viva de Disney de los años sesenta y tempranos setenta como extravagancias "retro" incluso en su propia época, aunque Hayley Mills, en films como Operación Cupido y Summer magic, supo cabalgar en la línea entre lo atrayente y lo agradable, e introducir incluso algo de sustancia.
Sus personajes nunca aparecían abiertamente sexualizados, ni tampoco subestimados. Inteligente, autocontrolada y capaz de expresar emociones genuinas, su Nancy Carey en Summer magic era lo suficientemente decidida como para rescatar a su familia, aunque también lo bastante infantil como para hacerlo a través de un plan sumamente atolondrado. Y, convincentemente, se las arreglaba para crecer a lo largo de la película, permitiéndose incluso un romance "en serio". Esas películas reconocían que las preadolescentes eran lo suficientemente jóvenes como para preocuparse por sus padres aunque las exigencias familiares pudieran irritarlas.
Pero esas películas no estaban orientadas especialmente a un público de preadolescentes de sexo femenino. Y no es claro que ese público quiera ver hoy películas acerca de personajes de su propia edad. Las preadolescentes prefieren ver chicas mayores que ellas: High school musical, antes que las miserias de su propia escuela.
Quizás por eso, las preadolescentes y las actrices que las encarnan están apuradas por crecer. Para unas y otras, se trata de una etapa poco elegante y no muy confortable. Pero no es, por cierto, el único "período intermedio" que las mujeres deben atravesar.
Una nueva película en busca de su espectador
Un intento de alcanzar al público preadolescente es una película como Judy Moody and the not bummer summer, de inminente estreno norteamericano, que confía tener en la taquilla de los cines el mismo éxito que los libros sobre el personaje protagónico (una niña de nueve años) que han vendido catorce millones de copias. Es todo un desafío para la pequeña de tercer grado del título, y para los productores.
"Los expertos en marketing y los medios son básicamente quienes han inventado la categoría de las preadolescentes", sostuvo en una entrevista Ilana Nash, autora de American sweethearts: Teenage girls in twentieth-century popular culture. "Pero parece que Hollywood no sabe qué decir al respecto``.
La serie de Judy Moody, que comenzó en 2000, pertenece a un resistente género de folletín en episodios: las andanzas cotidianas de una niña en edad escolar. Es un formato que Cleary perfeccionó en sus libros de Ramona, y que ha sido reiteradamente actualizado para alimentar los apetitos de nuevas generaciones de lectoras con historias acerca de chicas como ellas.
Judy Moody and the not bummer summer no solamente debe reproducir a esta elusiva preadolescente. También debe ser capaz de crear una atrayente línea narrativa a partir de los populares procedimientos que definen a los libros: incomprendidos compañeros de clase, choques con los profesores, etc. Las libretistas Kathy Waugh y Megan McDonald (esta última es la autora de los libros) sacaron a Judy del salón de clase y le concedieron uno de sus objetivos prioritarios. En este caso, la misión de Judy es disfrutar su verano a pesar de la ausencia de sus padres y sus dos amigos más cercanos.