El curioso récord de don Silvio

La tijera con que recorto las noticias que se publican sobre Silvio Berlusconi, ya es rechazada hasta por el afilador: va camino de transformarse en una pieza histórica para lucir en una vitrina del Museo de "Buenos días", que El País inaugurará más allá de mi vida, -para no afectar mi modestia- en reconocimiento al aumento de tiraje los lunes y jueves.

He seguido la existencia y la trayectoria política de ese personaje, desde antes de que tomaran estado público sus invasiones en el área del "Uñita y todo vale", que dejó pasmados -cual si fueran aprendices en el tema- a los más cotizados promotores de Eros.

Entre el "tsunámico" papelerío que inunda mi escritorio quedó sepultada -como consecuencia del revuelo que se armó con la famosa boda real de William y Kate-... (¿seguirán casados, todavía?)... una nota que apareció en "PERFIL" hace ya varios días, con declaraciones de "Il Cavaliere" donde se adjudica un récord sin precedentes en los ámbitos de la Justicia a nivel universal: ha logrado reunir, en valioso legajo que habla muy bien de su vocación de gobernante, más de 2.500 audiencias judiciales: al destacar ese mérito incorporado a un frondoso curriculum, agregó; "Y todavía tienen el coraje de llenar Italia con carteles con el slogan: SILVIO, HAZTE PROCESAR". También añadió que le quedan pendientes otros seis procesos... pero, seguramente deberá enfrentarse a muchos más, porque afirma que seguirá siendo el mismo, y promete vivir hasta los 120 años.

Ninguno de quienes lean esta nota -ni yo mismo, que no estoy tan lejos de alcanzarlos, salvo que se torne realidad el promocionado anuncio de los mayas para 2012- habrá formulado jamás semejante promesa: nadie sabe, incluso, si subsistirá el escenario de Villa Arcona, ideal para juegos florales pero que Berlusconi cambió por juegos sexuales. Como es notorio, el número principal del "show" recibió la alegre denominación de "Bunga Bunga", y allí revelaba el dueño del "colmao" sus dotes de bailarín, aunque sea en la cuerda floja de su mirador político. Es difícil que arribe a los 120 sin un lumbago paralizante, y una sillita de ruedas: es fácil, en cambio, que antes de ese plazo lo invite a bailar una danza macabra, la dama de negro famosísima, diciéndole dulcemente: "Venga Venga".

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