MATÍAS CASTRO
Angelina Jolie se llegó a quejar por la invasión de la privacidad que sufría gracias al acoso de los paparazzi. En parte eso se había originado más de una década atrás cuando ella, en sus tiempos de furor como sex symbol de Hollywood, convirtió su intimidad y sus gustos en un asunto público. Si bien entre ese caso y los que ayer se comentaban, como Claudia Fernández y Rita Lee, hay un salto enorme, podemos encontrar algún punto en común.
Claudia Fernández decía que en las entrevistas siempre le preguntaban las mismas cosas. Lo mismo decía Rita Lee. Reconozcamos, primero, que tienen razón y que tienen derecho a sentirse agotadas de repetir una y mil veces lo mismo. Pero reconozcamos que si la prensa las sigue es por aquello que les dio fama y no por sus perfiles como amas de casa o cualquier otra cosa. Por eso mismo una entrevista en la que la uruguaya hable sobre su vida cotidiana y su familia es más bien una excepción. Lo mismo una en la que la brasileña arroje sus reflexiones sobre religión.
También en este juego pesa lo que supuestamente quiere saber el público. Los medios de prensa hacen su interpretación sobre eso y las conclusiones son, a veces, antojadizas. Eso hace que el foco de algunas notas se dirija hacia los mismos temas, siempre con la idea de que "el público quiere saber eso". En este juego de entrevistados, periodistas y lectores hay un ejercicio de entendimiento hacia el otro que a veces falla o que directamente se descuida.
No está mal que la diva entrevistada piense en el medio y el periodista para saber con qué se encontrará. Tampoco está fuera de lugar que el periodista le busque la vuelta a sus preguntas para ir a otros sitios con sus entrevistas. Y no está de más que el lector entienda las circunstancias de las cosas que recibe. Ninguna de esas tres cosas es una obligación, pero valen la pena para que cada uno de los tres dé un paso más en el juego de la comunicación. Aunque sea en la trivialidad de la farándula.