Julia Rodríguez Larreta
En tren de no ser demasiado pesimistas, hoy al menos ha llegado a la mesa de debate el deterioro imperante en la educación, empezando por la pública, la rectora en este centralizado sistema uruguayo. Ya no es posible seguir disimulando, mal que les pese a las autoridades de la enseñanza. Un territorio en el cual la izquierda y las corporaciones sindicales, a partir del regreso de la democracia tomaron posesión amparados tras las murallas de la autonomía, al tiempo que llevaban metódicamente a la práctica la teoría gramsciana, ante la distracción o la ingenua tolerancia de quienes ni militaban ni coincidían, con esas ideas o procedimientos.
El resultado de la educación en esas manos ha sido nefasto y las crudas evidencias salieron bruscamente a la luz a partir de las pruebas internacionales de evaluación. Lamentablemente, no será fácil salir de este marasmo mientras impere en la enseñanza la ley que se votó bajo el gobierno de Tabaré Vázquez que hipotecó aun más, el futuro de las nuevas generaciones y del país. Sin embargo, se pueden encontrar atajos para hacer cambios y mejorar la situación, dado que es imprescindible hacerlo.
No es necesario ponerse a pergeñar originalidades, sino que basta con mirar atentamente alrededor, pues hay opciones implementadas en otros países donde también surgió la misma inquietud por perfeccionar la forma de impartir conocimiento que han dado buenos dividendos. Por ejemplo, los llamados escuelas y liceos "chárter", desarrollados desde hace unos cuantos años, sin ir más lejos en Chile y en casi todos los estados norteamericanos. Por supuesto que no sin arduas discusiones previas a la sanción de la ley que les ha dado origen, la que a su vez tiene matices diferentes según la zona, si bien se comparte el concepto principal. O también existe otra variante; la de la enseñanza por el sistema de bonos, tal como se ha extendido en Nueva Zelanda desde que fuera introducida en 1989, la que goza del masivo respaldo de parte de los padres. En el primer caso, las instalaciones siguen siendo estatales, (muy importante para un país estatista como el nuestro) pero la gran diferencia es que la gestión pasa a ser privada.
Como bien lo dice Pablo da Silveira en su libro, "Padres, maestros y políticos", la discusión sobre la libre elección, fue inicialmente una cuestión doctrinal. Al no haber mucho campo donde medir las consecuencias de estos nuevos métodos, excepto en Holanda y Bélgica, al principio era difícil contraponer lo empírico frente a lo especulativo, pero en la actualidad ya existe suficiente evidencia como para poder apreciar sus buenos efectos, los cuales aumentan según el tiempo que llevan siendo practicados esos nuevos esquemas en cada escuela. Es habitual que salgan mejor parados en los diferentes análisis evaluatorios, aquellos colegios que ya hace cinco, seis, siete años, que funcionan bajo esas nuevas normas, que aquellos que apenas cuentan con uno o dos.
Pero en el ámbito educativo de nuestro país, no solo se ha decaído en lo académico o curricular, sino también en la enseñanza en principios. Su destrucción es palpable a todo nivel y adonde se mire. Y cómo podría ser de otra manera con propuestas emanadas de quienes están al frente de la conducción de la educación pública de secundaria que indican facilitar el pase de grado, (así habrá menor índice de repetidores); disminuir las exigencias respecto del número de faltas, ya que de acuerdo a la titular del Consejo de Secundaria, Pilar Ubilla, "para que asistan para nada, más vale que ni lo hagan"; cursar tres años de Bachillerato en simultáneo o pretender que no se participe más en las pruebas de evaluación internacional PISA, porque según el otro Consejero, Daniel Guasco, hay que medirse con un grupo de países más atrasados y no los del primer mundo. ¿Será por Chile que sigue subiendo en la escala o por Shangai?
Y más grave aun es la confusión en la escala de valores humanos que se provoca en el alumnado, si en los prototipos que se ensalzan, los héroes a ser imitados, se parte de premisas tan equivocadas como secundar la idea de una placa en el liceo de Minas en recuerdo de Ricardo Zabalza, cuyo mérito mayor fue ser parte de la guerrilla tupamara y haber muerto en el fallido intento de la toma de Pando, (comisarías, cuartel de bomberos, bancos) en 1969. Una persona que se alzó en armas contra el sistema democrático, partícipe de un golpe guerrillero a raíz del cual murió un joven inocente que revistaba como sargento policial. ¿Es acaso el suyo, un modelo de conducta para los jóvenes? ¿Y que transmite la leyenda de dicha placa en la que veladamente se acusa a un soldado y a un coronel por su muerte, sino un mensaje de odio y de anhelos de venganza?