MATÍAS CASTRO
Ayer fue toda una noticia que la ex vedette Evangelina Anderson "consiguió trabajo en España". Fue extraño encontrar dicho titular en el sitio de noticias Primicias Ya. No lo fue por que estuviera fuera de lugar ni mucho menos sino más bien por la historia de la rubia. Un poco después encontré otra noticia que hablaba sobre la modelo Sabrina Rojas, pareja de Luciano Castro. La modelo, que hasta no hace mucho aparecía con frecuencia y trabajaba mucho, se ha reconvertido en ama de casa. Algo más o menos parecido le pasó a Wanda Nara, quien de ser una de las vedettes más convocadas y activas del panorama argentino pasó a ser, casamiento mediante, un ama de casa famosa. ¿Pasará algo así con Karina Jellineck? Su matrimonio con un hombre de mucho, mucho dinero, podría dar a entender que de aquí en más no la veamos con tanta frecuencia.
Claro que las comparaciones deben ser cuidadas. Anderson y Nara se casaron y dejaron sus trabajos, en buena medida, por vivir en Europa ya que sus respectivos maridos son futbolistas. Sabrina Rojas y Karina Jellineck siguen en Argentina. En todo caso lo peculiar del asunto está en que se trata de mujeres que promediando los veinte años salían constantemente en la televisión, las revistas e Internet, pero que ni bien se casaron desaparecieron de la vista del público y se reconvirtieron en mujeres casadas que ya no necesitaban exhibirse como antes para sobrevivir y hacer carrera.
Anderson ahora fue contratada para hacer un comercial, según el sitio de noticias, cosa que es puntual y no implica más que eso. Me despierta curiosidad saber lo que sentirá una persona (y su ego) que vive de su imagen y que se mueve con la confianza de ser alguien deseada y cotizada pero que de pronto pierde todo eso y no tiene más que hacer que pasear, gastar dinero y cuidar una familia. Por más que la persona siempre se muestre sonriente esos cambios tienen que implicar un proceso interior bastante complicado de llevar.