Brad Pitt recibido entre silbidos y aplausos para su nuevo film

Tenaz. "The Tree of Life", producida por el actor, empezó a rodarse en 2008

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CANNES | ANSA Y AP

Una mezcla estruendosa de aplausos y silbidos saludó ayer al film de Terrence Malick "The Tree of Life", en concurso en el festival de Cannes, salido de la sala de montaje después de dos años y tras un trabajoso rodaje iniciado en 2008.

La doble y contradictoria recepción se debe, por una parte, a la belleza de las imágenes del mexicano Emmanuel Lubezki y al enfoque visionario del director y, por otra, a la ambición desmedida de tocar temas profundos como la vida y la muerte, describiendo además la historia de la humanidad y del universo sin descuidar el eterno interrogante de adónde vamos y de dónde venimos.

Todo esto en el marco de una historia familiar, con un padre autoritario (Brad Pitt, también productor del film) y una madre tolerante y con tres hijos. Uno de estos, morirá joven, otro desaparecerá del horizonte y el tercero se convertirá de adulto en Sean Penn, cuyo papel consiste en alucinar mientras camina por una Nueva York deshabitada y a través de un desierto por el que se desplaza la humanidad hacia el infinito.

Desmenuzada la trama en breves pantallazos de vida familiar y de infancia despreocupada, El árbol de la vida es el pretencioso y fallido intento de retratar todo el cuerpo inmenso del universo a través de una sola de sus células, la de una familia texana de los años cincuenta.

Brad Pitt y Jessica Chastain defienden como pueden la bidimensionalidad de sus personajes de padres mientras Hunter McCracken revela una prometedora pasta de actor en el papel que de adulto hará un desperdiciado Sean Penn.

Testamento visual e ideológico de un director de 68 años que no se distingue ciertamente por la productividad (cinco films en casi 40 años), El árbol de la vida quedará en la historia del cine como la poderosa ruina de un sueño inacabado.

Brad Pitt tenía sus reservas acerca de interpretar a un padre dominante en la película de Terrence Malick. Pero Pitt no titubeó para bromear sobre su propio estilo como padre de seis hijos con Angelina Jolie. "Yo golpeo a mis hijos regularmente", dijo Pitt en una conferencia de prensa en Cannes. "Y los dejo sin comer``.

Pitt, de 47 años, coprotagoniza con Sean Penn y Jessica Chastain el drama familiar de Malick.

"Yo dudé un poco acerca de interpretar a un padre opresivo, pero sentí que la historia era muy importante, y para mí, se trataba realmente de la trayectoria del niño", dijo Pitt, que también es uno de los productores de The Tree of Life se estrena en estados Unidos el 27 de mayo.

Pitt dijo que prefiere trabajar en proyectos con profundidad emocional en lugar de películas de alto presupuesto como Misión: imposible, aunque no rechaza las películas de acción de Hollywood. "No me descarten para Misión: imposible", dijo el actor. "Yo la haría. No soy tan intelectual".

Pero cuando piensa en sus películas favoritas, tienden a ser películas nada comerciales, sino aquellas con profundidad, "o muy, muy cómicas. Me gustan las comedias", dijo.

Pitt se ha preguntado qué pensarán sus hijos acerca del personaje que desempeña en The Tree of Life. "Mis hijos van a verla cuando crezcan, y ¿qué van a pensar?", dice Pitt. "Ellos me conocen como padre, y espero que simplemente piensen que soy muy buen actor".

La prostitución en la Francia del XIX

La otra película exhibida ayer en Cannes fue L`Apollonide, del realizador francés Bertrand Bonello, sobre una casa de tolerancia parisiense de fines del siglo XIX, con mucha desnudez, opio y sobre todo las trágicas sonrisas de las prostitutas.

"¿Volver a las casas de cita o permitir que las prostitutas trabajen en las calles? Tengo evidentemente un punto de vista personal sobre ese problema, pero mi película no pretende entrar en ese debate", declaró Bonello en referencia a la recurrente discusión en Francia sobre la regulación o la represión de la prostitución.

Apollonide abre las puertas de esa mítica casona cerrada, "teatro de todos los fantasmas", donde viven una docena de prostitutas, entre ellas "la mujer que siempre ríe", herida por un cliente perverso que le dejó dos terribles cicatrices en las mejillas que prolongan sus labios. La película oscila entre el documento y la ficción, entre la reconstrucción estética de ese mundo decadente y su crítica implícita, entre el mundo cerrado, como una cárcel, y el lugar de placer de los burgueses. El realizador dijo haberse inspirado en la pintura y en la literatura francesa del siglo XIX.

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