George Clooney tiene una factoría de suspiros que exporta a todo el mundo. Es tanta la demanda del producto que llega de infinidad de países, que no puede atender los pedidos como él quisiera.
En territorio de Hollywood es "el pinta del barrio", como entre nosotros lo es el mecánico de la otra cuadra - de quien se enamoran las chicas, repuesto por repuesto- o el repartidor de la panadería, que es un bizcochito. A éstos les lleva Clooney las ventajas de los ingresos, es cierto... pero, en cambio, los otros no tienen problemas de rodaje continuados, y disponen de algún minuto en el día para el diálogo con las vecinas, que les hacen caídas de ojos para que ellos las levanten.
A principios de año, trascendió que el galanazo mantenía un noviazgo con una italiana de 32 años -modelo, ella- que responde al nombre de Elisabetta, y no deja tiempo para averiguar su apellido mientras se la mira de Norte a Sur y de Este a Oeste. Hay que ver cómo se desarrolló la dama desde los días de su nacimiento en Cerdeña: tanto evolucionó su figura y aumentó su belleza, que terminó actuando como vedette en el reciente Festival de San Remo, aunque no se consagró como superestrella según se creía. En medio del certamen, se produjo la "invasión" del escenario por parte de una argentina llamada Belén Rodríguez -de 26 años y también modelo- que tiene todo lo que hay que tener perfectamente ubicado y balanceado.
Sus apariciones como corista en la TV italiana, son motivo de aplausos de todos los tanos, resistiendo los pellizcones de esposas y novias. No hace mucho que Belén voló de Buenos Aires a Milán para probar si, además de lucero, podía ser estrella... y lo fue, empleando la tripleta del éxito: simpatía, voluptuosidad y elegancia; como si todo eso fuera poco, minutos antes de entrar a coparticipar con Elisabetta (ya tengo el apellido: Canalis) la rosarina bailó "La Cumparsita" con su compatriota Miguel Ángel Zotto, y el público la premio con un "Sote".
George no se preocupó mayormente con la interferencia de Belén, que le rapiñó elogios a su novia: ahora, lo que más le interesa es la citación recibida del juzgado milanés -donde se trata la acusación a "IL Cavaliere" por prostitución de menores y abuso de poder- para que la pareja declare como testigos de las festicholas al compás de la tarantella, que el primer ministro peninsular organizaba en su residencia de Arcore -cerca de Milán- en que, aparentemente, George y "Eli" acompañaban con la pandereta. No pudo ser más inoportuna la confesión que el actor hiciera semanas atrás a la revista Newsweek: "Viví la juventud al máximo: me acosté con demasiadas chicas y consumí demasiadas drogas". Es posible que, con semejante carpeta de méritos haya ingresado sin dificultades a las orgías de don Silvio: pero me temo que de nada le sirva frente a jueces y fiscales, aún cuando haya abogadas dispuestas a absolverlo de toda sanción por ser un divino vicioso, o un pecador subyugante.