París | The New York Times
Francia está involucrada en tres guerras activas de una sola vez y por primera vez en la memoria del país, lo cual indica una nueva musculatura del agobiado presidente francés, Nicolás Sarkozy, para usar el poder.
Tropas de pacificación francesas atacaron el palacio presidencial de Costa de Marfil en apoyo a la ONU de un día para otro, al tiempo que aviones galos estuvieron atacando a las tropas del líder libio, Muamar el Gadafi. Fuerzas francesas también están peleando junto a Estados Unidos en el combate al talibán en Afganistán.
"Esto es enteramente nuevo", dijo Francois Heisbourg, experto de la defensa por la Fundación de Investigación Estratégica. "Las razones son diferentes, pero estamos en tres guerras de manera simultánea, y hasta donde yo recuerdo eso nunca ocurrió antes".
Debido a que el perdedor de las elecciones en Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, está negociando su rendición en Abiyán, la intervención de Francia en su ex colonia pudiera terminar siendo de corta duración. Francia abriga la esperanza de ser tan afortunada en la guerra en contra de Gadafi.
En ambos casos, Sarkozy fue el partidario más activo de una robusta acción de las fuerzas armadas. Sin embargo, el líder y su gobierno han hecho énfasis en que están usando la fuerza militar en nombre de la ONU, no por un impulso colonial, con el objetivo de salvar vidas. Alegó que el uso de la fuerza estaba justificado por recientes resoluciones de Consejo de Seguridad que exigen la protección de civiles.
Ahora, ambas resoluciones del Consejo de Seguridad, la 1.973 para Libia (patrocinada por Francia, Gran Bretaña y Líbano y aprobada el 17 de marzo), y la 1.975 para Costa de Marfil (patrocinada por Francia y Nigeria y aprobada el 30 de marzo), son vistas como precedentes para autorizar respuestas militares para detener crisis humanitarias.
China y Rusia, que al igual que Francia son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, critican la interpretación gala de las resoluciones y se oponen a su uso de la fuerza en Libia y Costa de Marfil.
Algunos han sugerido que Sarkozy, quien está en niveles históricamente bajos en las encuestas, ante unas elecciones presidenciales el año entrante, está actuando con dureza para suscitar el patriotismo.
"Si Sarkozy pudiera hacerlo, declararía una guerra cada semana", comentó Didier Mathus, legislador de la oposición socialista que forma parte del comité de asuntos exteriores del Parlamento.
Otros dicen que la explicación es simplista, aduciendo que el electorado francés sigue profundamente preocupado por los compromisos vigentes del país en Afganistán, donde muchos piensan que la guerra ya se perdió. Destacan que el precio potencial de la inacción en Libia y Costa de Marfil pudiera haber influido sobre Sarkozy.
Bruno Tertrais, otro experto de la defensa francesa, dijo que la política gala en Costa de Marfil no era un gran tema para los votantes: "es lo de costumbre en África", dijo. "Y no creo que esté haciendo lo de Libia por razones políticas del ámbito nacional.
Sin embargo, comentó que Sarkozy pudiera estar buscando compensar "el fracaso de la diplomacia francesa con respecto a Túnez", donde los franceses siguieron apoyando mayormente a un régimen autocrático incluso al tiempo que una insurrección masiva allá lo derrocaba.
El ex canciller de Sarkozy, el socialista Bernard Kouchner, coincidió en que Sarkozy al parecer estaba inclinado a actuar rápidamente tras haber permanecido relativamente pasivo durante las protestas en Túnez y Egipto. Kouchner contribuyó a promulgar y promover la doctrina del "derecho a proteger" tanto dentro como fuera de su puesto.
"Sarkozy condenó originalmente el derecho a intervenir pero después lo hizo", notó Kouchner, quien fue reemplazado de la cancillería francesa en noviembre. "La guerra es justa, la causa es justa, incluso si el objetivo se ha confundido un poco".
También dijo que se había opuesto a la visita de Gadafi a París en 2007, cuando el dirigente libio avergonzó a sus anfitriones y montó una tienda, renegando después las promesas para lucrativos contratos.
Heisbourg, el experto de la defensa, ve un elemento de venganza en el ataque de Sarkozy, al tiempo que Kouchner ve una ironía.
"Es difícil dar un giro de 180 grados, invitar a Gadafi y después bombardearlo", dijo Kouchner. "Es un poco extraño y un poco francés, tengo que decir".
Kouchner también apoya a Sarkozy en lo que concierne a Costa de Marfil. "Estamos haciendo lo correcto allí", dijo, notando que Francia no participó en la guerra civil. "Dijimos que apoyaríamos las órdenes de la ONU y eso hicimos".
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, le pidió ayuda al ejército francés hace una semana para destruir el armamento pesado de Gbagbo, mismo que estaba usando en contra de civiles en Abiyán.
"Bombardeamos una vez, pero no fue la gran cosa", dijo Kouchner. "Estamos protegiendo a civiles allá", añadió.
Funcionarios galos dijeron que también les preocupaba que un prolongado conflicto pudiera reproducir los asesinatos entre comunidades que ha ocurrido en Duekoue, en el Oeste de Costa de Marfil, algunos de los cuales fueron tendidos a la puerta de las fuerzas de Alassane Ouattara, el reconocido ganador de la elección presidencial del año pasado. Abiyán, la capital económica, es un centro de apoyo a Gbagbo, y una larga lucha por su control podría conducir a un alto número de bajas, notaron.
Lo que es más, aproximadamente 12.000 extranjeros y personas con ciudadanía dual viven en Abiyán, y Francia dijo que quería garantizar su protección. De hecho, antes del ataque hubo informes de que las fuerzas de Gbagbo habían tomado por prisioneros a dos franceses.
Hasta ahora, todo parece indicar que la intervención libia es popular en Francia, con una firme mayoría del electorado apoyándola en sondeos de opinión recientes. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, las actitudes podrían cambiar, especialmente dado el costo de toda esta intervención cuando París está intentando adelgazar su presupuesto de la defensa y reducir su déficit presupuestario.
La cifra
17% De los votos obtendría Sarkozy en 2012 según el último sondeo de IPSOS. Marine Le Pen lograría el 21% y Strauss Kahn el 34%.