La gran Rial

Sebastián Da Silva

Cuando Rodrigo Goñi asumió en el Directorio de la Corporación Nacional para el Desarrollo, tuve un aparte de 5 minutos con mi amigo y le dije: "Tené cuidado porque va a aparecer algún envidioso y te va a tirar una cáscara de banana por tus múltiples actividades". Era un consejo pensando más que nada en el adentro del sistema político, donde algunos mediocres no toleran la irrupción de nuevas figuras, y mucho menos si estas están sólidamente preparadas y con aportes inteligentes.

Sinceramente me equivoque, mi diagnostico fue perfecto, pero el ataque vino desde afuera.

Esta semana estuvo pautado por un ataque sistemático, lleno de valoraciones, y hasta suspicacias del periodista Joel Rosenberg hacia la figura de Rodrigo, donde el quid de la cuestión era averiguar cómo un desconocido director de la oposición dividía sus tiempos para atender tantas obligaciones, y ver si en algún momento estas obligaciones estaban contrapuestas con lo que marca la Constitución. Fue una entrevista rara, porque personalizó en el entrevistado dos aspectos que, salvo por la mala intención, poco tienen que ver, como es su actividad privada con su actividad pública.

En Uruguay, por suerte no todos los políticos son "profesionales" de la política. Nuestra clase dirigente se ha nutrido de grandes aportes de gente que siendo exitosa en la actividad privada, le dedica parte de su vida a una responsabilidad estatal. El paradigma de ello fue Tabaré Vázquez y Gonzalo Fernández, quienes no despertaron la suspicacia del amigo de Desbocatti. Tampoco Pedro Bordaberry siendo ministro, ni Juan Andrés Ramírez ni muchos otros de todos los partidos, que aun ocupando cargos de responsabilidad se dividen entre su profesión u oficio y la actividad política. Es parte de las virtudes nacionales, delegarle la representatividad de la población a ciudadanos que necesitan trabajar para vivir, o de referentes importantes que con su inclusión dentro del sistema le aportan y lo mejoran.

Este es el caso de Rodrigo, quien desde la CND está colaborando para que este organismo sea la referencia en materia de inversiones públicas y privadas, hasta donde se conoce en perfecta armonía tanto con el directorio como con sus gerencias. Por esta función debe de rendir cuentas con la ciudadanía. Estar apegado a la ley y expuesto a que le auditen diariamente su accionar público. El mediático Rosenberg nada de esto preguntó, y buena cosa hubiese sido porque podría haber constatado que su entrevistado no llegó a contratar siquiera a un asistente, o una secretaria personal, y mucho menos intentar favorecer con dineros públicos sus actividades privadas.

Lamentablemente, estos temas a Rosenberg no le resultan curiosos, prefiere la gran Rial y averiguar sobre sus actividades privadas.

Cada uno es dueño de ejercer su profesión libremente, unos siendo pocos serios a la hora de preguntar y otros siendo reservados a la hora de responder. Ni una cosa ni la otra merecen la hoguera pública, máxime en un país donde lo grave es que se falsifiquen los datos sanitarios, y que por lo visto no es prioritario para el inquisidor Joel.

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