Juego de radicales

Javier GarcÍa

Dijo Mujica el jueves: "Quienes luchábamos en todas las vías tuvimos que reaprender el tremendo valor humano y progresista que significa un estado de derecho que, encuadrado y limitado por un pacto constitucional, está lleno de defectos, pero tiene un valor incalculable." Este reconocimiento tiene un valor muy fuerte. Agregó que "los militares de ahora no son los de ayer".

Sin embargo, el FA se apresta a dejar sin efecto la Ley de Caducidad. Será un enorme retroceso del estado de derecho, el mismo que Mujica aprendió a reconocer en su enorme "valor humano y progresista". No es posible defender las garantías y los derechos humanos y al mismo tiempo violar esas garantías. Las vejaciones de la dictadura y la violaciones a los derechos y la dignidad humana más aberrantes, que dicho sea de paso contra ellas luchamos muchos siempre y no las descubrimos hace poco como algunos, no justifican atentar ahora contra las garantías individuales. Aquella violación no se remedia con esta violación.

En Uruguay la eliminación de la "Caducidad" con efecto retroactivo va a generar un problema serio que el presidente conoce. Lo generara en un doble sentido. Por un lado desde el punto de vista político consecuencias que hasta en la interna del FA ya se generaron, pero más importante por el descrédito que sobre los institutos de democracia directa como los plebiscitos va a instalarse en el futuro. El Frente queda moralmente inhabilitado para pedir una sola firma más en su historia. El archivo es implacable, dijo Marenales en entrevista a "La República" en enero de 2008 al ser preguntado sobre anular la ley de Caducidad en el parlamento: "Soy contrario. Ese precedente lo voy a pelear, porque la democracia directa de un plebiscito no puede modificarla un puñado de gente, por mucha soberanía que tenga otorgada, sino cada vez que hay un cambio de gobierno pasaría lo mismo." ¿Marenales pegará la voltereta ahora igual que Nin y Huidobro? Tabaré Vázquez ya sabemos que tiene una interpretación bastante particular de las mayorías: son respetables cuando lo eligen a él pero no cuando están contra él.

El segundo problema, serio, que esta decisión irresponsable va a generar es que va a abroquelar a los militares de "hoy", con los de "ayer". Mujica sabe como sabemos nosotros que en las FFAA hay mucha preocupación por este tema, que hace retroceder casilleros a saltos porque la prédica de los más nostálgicos empieza a tener cabida entre la oficialidad más joven. Hay falta de confianza y credibilidad para con el presidente, y se aleja la unidad nacional proclamada. Al empezar el mandato el presidente había logrado aislar a quienes viven de un discurso de enfrentamiento, y desde adentro de las propias FFAA ya ni se los escuchaba, pero ahora empiezan prestarles atención a los más radicales, los de "ayer". A Mujica le pasa lo mismo adentro de sus filas, cada vez tiene menos poder y las posiciones en su gobierno empiezan a decidirse afuera de su despacho.

El estado de derecho que Mujica descubrió en su "tremendo valor humano y progresista" merece jugarse por él, pero el presidente lo dice pero no lo hace.

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