El ucase del Presidente

Aníbal Durán Hontou

A esta altura todo el mundo se desgarra las vestiduras con la educación y diera la impresión que sin perjuicio de la opinión de los gremios corporativos, el tema merece un drástico cambio.

También así se ha expresado el Presidente de la República en más de una oportunidad y convocó hace días una cumbre educativa.

Hay una ley vigente votada por en aquel momento Senador Mujica, que es la que da predicamento y sustento a los gremios.

Aquí está en juego el destino del país; junto a la seguridad, son los temas excluyentes y hay que resolverlo de una vez, dándole el protagonismo a los que entienden… no más retórica vacua.

Habilitar a las nuevas generaciones para afrontar las secuelas de un mundo globalizado y competitivo, armarlas para actuar en él, supone una tarea ineludible e impostergable.

Tarea de educación todo a lo ancho de sus múltiples acepciones. Educación para adquirir una cultura proporcionada a la problemática que se deberá enfrentar; educación para madurar en el hombre las convicciones y las calidades que reclama su condición de tal; educación para lograr en las órbitas del trabajo las posibilidades que él brinde en los escenarios imprecisos del mañana; educación para resguardar en las fronteras del espíritu su necesaria autonomía, afirmando la personalidad humana para que no se diluya en una gregaria expresión anímica, desdibujada y confusa.

Sin duda, el hombre contemporáneo para luchar, convivir y adaptarse al clima erizado de dificultades y acechanzas en que nos movemos, reclama una preparación que no exigieron otros períodos históricos.

La educación apunta a perfilar al hombre en sí, sin preocupación fundamental de profesionalismo y de especialización; apunta al hombre como valor sustancial, una empresa de integración humana total. Seguramente la instrucción apunta a integrar al hombre con determinado tipo de conocimientos específicos; lo prepara para algo; lo sedimenta en una o varias disciplinas concretas. Es una empresa de integración humana parcial.

Es en este tema donde el Presidente necesariamente tiene que actuar… ucase es el decreto imperativo del zar de la Rusia del siglo XIX…; por analogía, aquí deberá ser el mandato imperativo del Presidente.

Lo escribimos en otro editorial del diario; el Presidente debe exhibir coraje para cambiar este estado de cosas.

La vida cotidiana concita un coraje más extraordinario que el combate o las aventuras; el coraje de enfrentarse a lo nuevo y aceptar lo diferente en los accidentes que nos brinda la experiencia. Estamos inmersos en la lucha de las ideas, que se expresan en forma de ideologías, políticas y marcos conceptuales que determinan creencias y modalidades.

Nuestro entendimiento de la situación humana y las opciones que tomamos para enfrentar la indisciplinada y dificultosa complejidad de la existencia social, están basadas en ideas. A fin de cuentas, son éstas las que llevan a la gente a la paz o a la guerra, las que conforman los sistemas bajo los que la gente vive. Las ideas importan, e importa por tanto la cuestión de la razón para la que las ideas viven o mueren.

La razón es el armamento de las ideas, el arma empleada en los conflictos entre puntos de vista. La razón la esgrimen los verdaderamente versados en educación que transmiten sin hesitar que la situación no admite demora, no admite cabildeos, no admite más seminarios y perorata extendida de iluminados…

El Presidente Mujica es el hombre público por excelencia, por ser así nos pertenece a todos. No está ejerciendo una profesión, cumple un mandato. Exigimos de él lo que no exigimos de los demás y por ello, está sometido a la inspección incesante de una crítica severa. No solo es responsable de lo que hace o de lo que dice; sus abstenciones y silencios le comprometen tanto como sus actos y palabras.

La política es el arte, la voluntad, la pasión de gobernar. Y la tolerancia política que debe exhibir el Presidente (y que exhibe), no debe hacerlo olvidar de decidir y ejecutar. Una de las características de una sociedad justa es su tratamiento de los pobres. Los pobres del tercer mundo tienen como problema medular el mero sobrevivir, la ocupación básica de obtener agua y comida. La televisión nos ilustra a diario, lamentablemente: la pobreza aquí es una vida en los márgenes de la existencia, una lucha dura e inmisericorde, dedicada al momento presente y con lugar para sólo dos cosas: la desesperanza y la esperanza. El mero asistencialismo, es una aspirina para curar un cáncer. Inculcar educación desde los 3 años sin concesiones, reformando lo que sea, es sentar las bases a la esperanza y si no fuera por ésta, el corazón se rompería…

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