JUAN ORIBE STEMMER
Uno de los grandes misterios de la ciencia y arte de la política es el oscuro mecanismo que eleva ciertos temas a los primeros lugares de la agenda política y que sumerge a otros en el (no siempre merecido) olvido. Un ejemplo es el caso del actual debate sobre la enseñanza en nuestro país.
No es necesario ser un experto para saber que en las últimas décadas se publicó una masa de estudios, informes y diagnósticos sobre la enseñanza. Nadie puede decir que no tenía, aunque fuera por lo menos una idea, de la gravedad del problema. Sin embargo, un acontecimiento coyuntural, la publicación de los resultados de las pruebas PISA, capturó como una chispa la atención de toda la sociedad e impuso el tema de la enseñanza como un asunto de primera importancia en la agenda nacional.
Sin embargo, en los últimos meses no solamente sucedió la desagradable sorpresa de los resultados de las pruebas PISA, también se conocieron el Anuario Estadístico de la Educación correspondiente al año 2008, el capítulo correspondiente a la enseñanza en el resumen sobre los principales resultados de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística, y, ahora, el estudio sobre la universalización de la educación media en el Uruguay publicado por UNICEF. Uno de los principales méritos de este último documento -accesible, en Internet- es que emprende un estudio de largo plazo de la evolución de la enseñanza.
En general esos informes coinciden en que, para sectores importantes de los jóvenes, el aprendizaje no es suficiente, que existen diferencias importantes de nivel (es decir, el aprendizaje no es homogéneo) y que, en general, los resultados reflejan la posición económica de las respectivas familias (a menor ingreso peores resultados). El sistema de la enseñanza -especialmente la Secundaria- no cumple con los objetivos básicos de justicia social, de capacitación para la vida y de contribuir al desarrollo económico.
Además, los estudios comparativos demuestran que nos dormimos en los laureles. El Uruguay, que en una época fue un ejemplo, se ha quedado muy atrás de los países con los mejores niveles de desarrollo humano y ahora se está quedando rezagado respecto de sus vecinos de la región (que ya bastante mal están).
Hace dos años se aprobó, luego de una áspera discusión donde dominaron los gremios del sector, la Ley General de Educación. Sin embargo, en el encuentro entre el Consejo de Ministros y la Comisión Coordinadora del Sistema Nacional de Educación Pública, el Presidente Mujica declaró que no tenía sentido pasar por encima de la autonomía de la enseñanza "porque no tenemos claro lo que hacer". Por su parte, la directora general del Consejo de Educación Secundaria, manifestó poco después que "uno de los problemas que tenemos es que hay muy poco nivel de propuesta en general".
Quizás esa es la verdadera tragedia: ya no podemos hacer que ignoramos que algo está muy mal en la enseñanza, pero padecemos de una gran dificultad para desarrollar consensos sobre propuestas concretas, modernas y constructivas para cambiarlo.