Casi nadie lo esperaba. Sin embargo, con sus diez candidaturas al Oscar, "Temple de acero" se convirtió de pronto en el segundo favorito de los premios de la Academia de este año.
La película de los hermanos Coen se está exhibiendo ya en calidad de "preestreno", esa imprecisa categoría que el negocio cinematográfico emplea para decir que presenta un título en pocos horarios y menos salas, anticipándose al estreno oficial más masivo que tendrá lugar una semana después. Hace dos meses, e incluso inmediatamente después de su estreno norteamericano, casi nadie daba algo por ella, los Globo de Oro la ignoraron olímpicamente, y a lo sumo se especuló con que su protagonista Jeff Bridges podía ser candidato al Oscar en el rubro mejor actor, aunque el hecho de que ya hubiera ganado el año pasado hacía más bien improbable que repitiera.
VUELCOS. Y de pronto empezaron a ocurrir cosas extrañas. Primero, que la taquilla respondiera mucho mejor de lo esperado: una producción media (el costo estimado fue de treinta y ocho millones de dólares) estaba recaudando ya cerca de ciento cuarenta millones solamente en el mercado norteamericano a fines de enero. Por primera vez en mucho tiempo, un `western` resultaba un buen negocio.
Y después vinieron las candidaturas al Oscar: diez, incluyendo las principales (mejor película, dirección, actor, guión, actriz de reparto). No es probable que derrote a El discurso del rey, que se sigue perfilando como la favorita, pero la cosecha resulta de todos modos bastante impresionante, sobre todo si se piensa que aparece desplazando, al menos numéricamente, a otras dos favoritas (Red social y El origen) que tuvieron que conformarse con ocho candidaturas.
La impresión de conjunto es que la gente demoró un poco en enfocarse en Temple de acero, pero que cuando finalmente se hizo el foco también se advirtió que se estaba ante una muy buena película. Y que, si se quiere jugar con las paradojas, era también una película "rara" cuya principal rareza puede ser justamente el hecho de no ser rara.
Tratemos de desenredar ese nudo. Muchos aficionados al `western` sufrieron un ligero sobresalto cuando se enteraron de los hermanos Ethan y Joel "Qué Listos Que Somos" Coen habían decidido volver a filmar el clásico de Henry Hathaway que le proporcionó a John Wayne su tardío Oscar de 1969. A primera vista, podía temerse lo peor: una revisión en clave cínica, con periódicos codazos al espectador para advertirle que uno ya no cree en los mitos de antaño, que el Far West ya se fue, que no hay en él "lugar para los débiles" (mala traducción por "para los viejos"), según lo informara el oscarizado film de los mismos hermanos protagonizado por Tommy Lee Jones y Javier Bardem.
Inesperada (y afortunadamente), la aproximación de los Coen a su material no ha sido esa. Temple de acero debe ser su película más clásica hasta la fecha, un relato lineal apoyado en las relaciones entre los personajes, su desplazamiento sobre un paisaje, y el indeclinable ojo para la composición del cuadro de su director de fotografía Roger Deakins.
Los Coen han insistido en que más que rehacer la película de Wayne, su intención había sido permanecer fieles a la novela de Charles Portis en que ambos films se basan. En un aspecto, al menos, es probable que lo hayan hecho, al concederle más peso al personaje de la joven Mattie (Hailee Steinfeld, que tiene realmente los catorce años que se suponen, en lugar de los reales veinte de su antecesora Kim Darby de 1969), quien contrata al veterano, alcohólico y tuerto comisario Rooster Cogburn (Jeff Bridges) para dar caza al asesino de su padre.
La opción no era solamente legítima, sino probablemente inevitable. Cuando, en 1969, el productor Hal B. Wallis y el director Hathaway hicieron Temple de acero, sabían que era imposible hacer una película "con" John Wayne que no fuera una película "de" John Wayne. La impresionante presencia ante cámaras del actor, su poderío mítico ("no hay otro que transmita en la pantalla la sensación de fuerza que proporciona el Duke", dijo alguna vez acerca de Wayne el maestro Howard Hawks) los impelía, inevitablemente, a hacer crecer su papel y convertir a Mattie en figura crucial pero secundaria. Por otra parte, con Oscar y todo, Rooster Cogburn no es su mejor personaje (un "waynófilo" tendría que decidirse entre el Thomas Dunson de Río Rojo, el Sean Thornton de El hombre quieto, el Ethan Edwards de Más corazón que odio o el Tom Doniphon de Un tiro en la noche), pero sigue siendo El Duke. Bridges, buen actor, presencia física interesante, es (o fue en El gran Lebowski, también para los Coen) solamente el Dude.
VARIANTES. Eso tiene la ventaja de que se puede "rebajar" su papel sin que la película se resienta. Eso es lo que de hecho hacen los Coen: el Cogburn de Bridges tiene una menor dimensión mítica, menos humor, es menos autosuficiente (en el tiroteo final, por ejemplo, el papel jugado por el `ranger` interpretado por Matt Damon es mucho más activo) que su modelo en pantalla de hace cuatro décadas.
Los Coen afirman que no han vuelto a ver el film de Hathaway desde su niñez, para no dejarse influir. ¿Dicen la verdad? Se pueden expresar dudas. Hay variantes no esenciales de anécdota y de énfasis, pero también similitudes demasiado sospechosas. Si no falla la memoria, la puesta en escena del duelo final, salvo los últimos minutos, es prácticamente idéntica (tal vez el director de fotografía Deakins sí volvió a ver la película anterior).
Pero si hay un "toque Coen" está sobre todo al final, donde hay una dosis de melancolía (a la Un tiro en la noche) que reemplaza el tono celebratorio del último plano del film de Hathaway. La desmitificación era algo que Wayne solo le permitía (o toleraba) a John Ford.
Tres ejemplos valiosos del western del siglo xxi
Pacto de justicia
2003
A Kevin Costner lo habían llenado de Oscares por "Danza con lobos", probablemente por su corrección política. Nadie parece haber advertido que este otro `western` suyo era mucho mejor. No respondió en taquilla.
El tren de las 3:10 a Yuma
2007
El clásico de Delmer Daves de 1957, con Glenn Ford y Van Heflin, era una versión mejorada de A la hora señalada. Esta `remake` de James Mangold con Russell Crowe y Christian Bale "casi" le hizo justicia, lo que por cierto es bastante.
Entre la vida y la muerte
2008
El `western`, antes género popular por excelencia, se ha vuelto una cuestión de aficionados de élite. Este atendible film de Ed Harris, con éste y Viggo Mortensen en los papeles principales, tiene bastante de eso. No está mal, por cierto.
Un film de cara a los Oscar
Aunque sea un film superior, Temple de acero no va a ganarle a El discurso del rey el Oscar a mejor película, y sería injusto que Jeff Bridges se llevara una segunda estatuilla desplazando al formidable Colin Firth. Los Coen ya tienen su Oscar (Sin lugar para los débiles), así que no les van a dar el premio a mejor dirección aunque sean mejores que Fincher o (por cierto) Hooper. ¿Qué tal Hailee Steinfeld como actriz secundaria? La chica es realmente muy buena.