En 20 años como policía en Uruguay nunca tuvo que usar su arma. En Haití sin embargo fue atacado dos veces y en una de ellas respondió a los disparos. "Parte de la realidad que se vive allí", dijo Alessander Tironi.
Por un estatuto de las Naciones Unidas, Tironi —al igual que sus compañeros— portaba arma ya que su misión era imponer la paz. El arma era para defensa personal y sólo podían actuar con ellas en caso de ser atacados. No estaban habilitados para detener personas o conducirlas ante la Justicia.
Ambos ataques ocurrieron prácticamente en el mismo lugar. Una conflictiva zona llamada Bel Air que, explicó Tironi, si se la comparara con una zona de Montevideo sería 10 veces más peligrosa que el peor barrio de la capital. Además no conocían la zona, tampoco la lengua en que ellos hablaban (una deformación del francés), los delincuentes actuaban en horas de poca luz, con armas de grueso calibre y bien organizados.
Otro problema era desconocer la intención de la agresión; "nos atacaban por el simple hecho de hacerlo", afirmó.
El primer ataque ocurrió cuando custodiaban un cerro con una capilla, algunas construcciones y, lo más importante, una fuente de agua potable que abastecía a una gran parte de la población. Cuando estaba en poder de los revolucionarios, éstos cobraban por su uso. Naciones Unidas recuperó el lugar y la defendía con un tanque, una patrulla de la ONU y otra local.
Tironi se encontraba conversando con un teniente brasilero al costado del blindado. Serían cerca de las cinco de la mañana, hora en la que generalmente la gente se acercaba a buscar agua. De pronto, la charla fue interrumpida por varios impactos sobre el blindado. "Sentimos clarito los disparos". A quienes estaban dentro del vehículo no les iba a pasar nada pero ellos, que estaban afuera, podrían haber sido heridos de gravedad.
El segundo ataque ocurrió poco tiempo después. Tironi estaba de patrulla junto a un canadiense, un africano y un español cuando escucharon el ruido de un motor que se acercaba.
"No era normal que se movilizaran vehículos porque era una zona con mucha basura, escombros, no era normal", afirmó. En ese momento comenzaron a sospechar y ésta se incrementó cuando el vehículo era visible.
Se prepararon y cuando auto ya estaba sobre ellos, recibieron varias ráfagas de ametralladora cuyas balas pegaron, en su mayoría, en la pared donde se encontraban. "Nosotros también abrimos fuego, pero nunca supimos si le pegamos a algo o no", contó Tironi.
Esas situaciones son partes de las reglas del juego, dijo. "En ninguno de los dos ataques hubo personas heridas de nuestro lado, pero sí tuve compañeros —no uruguayos— heridos en esas mismas zonas de combate", finalizó.