FLORIANÓPOLIS - O GLOBO
ANTONIO CARLOS MIGUEL
El primero de los "cinco pasos brasileños" de lo que está siendo considerado un test para su recuperación artística, Amy Winehouse mostró profesionalismo, técnica y el sentimiento de las grandes cantantes de soul y de jazz.
Si dependiera de las cerca de 12 mil personas que asistieron en el Stage Music Park -un complejo con dos boites y un escenario para grandes shows, ubicado en el acceso a la Playa de Jureré, en Florianópolis-, la cantante inglesa de 27 años, está pronta para la vuelta a partir de esta primera gira desde el verano europeo de 2008, cuando dañó su imagen con una serie de presentaciones caóticas. Queda por saber cómo serán los otros cuatro shows siguientes, en el Arena de Jacarepaguá (Río), y después en Recife y Sao Paulo.
Faltaban diez minutos para la 1:00 de la madrugada del domingo, aún dentro del horario previsto por los productores, cuando Amy Winehouse entró en escena para cerrar el Summer Soul Festival, encontrando a una platea cálida, ya debidamente calentada por las óptimas presentaciones de Mayer Hawthorne y Janelle Monáe. Ella fue recibida con euforia y afecto, que aumentó cuando una inmensa bandera nacional, como su nombre sobre el verde, al lado de la frase "Ordem e progresso", ocupó todo el fondo del escenario, un pedido de la cantante a la que le gustó el lema de la república brasileña, inspirado en el positivismo.
AHORRANDO. Anunciada por los vocalistas de la banda de nueve integrantes, todos usando trajes livianos, de verano, en color blanco, ella vestía un trajecito rosa con detalles en blanco, abrió con Just friends, una de las canciones de su segundo y último disco, Back to black, lanzado en 2006. Hasta el numero del bis, Valerie (cover del grupo inglés The Zutons, que regrabó en un dueto con su productor, Mark Robson), ella alternó sus principales éxitos con un pie en el soul con baladas y el estándar Boulevard of broken dreams (el tema de Al Dubin y Harry Warren, grabado por decenas de intérpretes, de Tony Bennett a Marianne Faithfull, y no la reciente canción homónima del grupo neopunk Green Day), en un delicioso traslado hacia el cabaret y el jazzy.
Aún en la intimista secuencia de baladas, Amy consiguió mantener la atención del público, pudiendo exhibir su técnica jazzística, en números que exigen concentración, extensión vocal y algún dramatismo. Para el fin de la noche, reservó Rehab (la canción que abre Back to black y en la cual decía que no iría a una clínica de rehabilitación), seguida de otras dos fuertes composiciones de ese disco, You know I`m no good y Me and Mr. Jones. El protocolar bis, que el público no se esforzó en pedir, fue introducido por el ska You`re wondering now, antes de la infalible Valerie.
Aparentemente centrada, sobria, bebiendo mucha agua durante todo el show, dosificó su presentación con dos canciones defendidas en secuencia por uno de los vocalistas, Zalon, y gastó algo de tiempo presentando a la banda, con derecho a pequeñas exhibiciones de cada uno: Dale Davis (bajo), Hawi Gondwe (guitarra), Troy Miller (batería), Sam Beste (teclados), Henry Collins (trompeta), Frank Walden (saxo barítono), Jim Hunt (saxofón), Zalon Thompson y Heshima Thompson (cantante). O sea, Amy, visiblemente, ahorró para los shows que haría de inmediato, a partir de ayer lunes en la Arena carioca. Pero, en lo que ya puede ser anunciado como un renacimiento artístico, pasó el test del estreno en la gira brasileña. Ahora, como los shows de Río serán abiertos sólo por Jannelle Moraes, lo ideal sería que Amy sonara un poco más. Pero, si se repite la buena performance de Florianópolis, sus fans no tendrán nada para reclamar.