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La cultura del crédito para el consumo de estilo occidental se extiende rápidamente a lo largo de los mercados emergentes. Esto pasa alrededor de todo el globo, pero en ningún lugar sucede más rápido que en Asia.
Ocurre que muchos de los hábitos de la clase media en expansión en Asia, que vive de manera creciente en ciudades ricas, no son muy diferentes de los de sus pares en Occidente. Con la ayuda de bancos ansiosos por ampliar sus negocios, decenas de millones de consumidores a lo largo de los mercados emergentes tienen hipotecas, tarjetas de crédito y créditos para comprar autos.
Por cada abuela que vive frugalmente en un poblado y dejando de lado parte del dinero de la familia, hay entre uno y tres nietos que viven en una ciudad, y se esfuerzan por mantenerse al ritmo de la evolución de las necesidades de los consumidores en urbes asiáticas que registran rápidos cambios. Es una generación que ha descubierto el placer de "gastar antes de ganar", instigada por el dinero de plástico fácil, señala el economista de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, Liu Kui-wai.
El tabú de la deuda, que se mantuvo por varios siglos, quedó de lado. Cuando se ofrece el crédito fácil, habitualmente se lo toma, sin importar las tradiciones ni los valores, dice Carmen Reinhart, economista de la Universidad de Maryland. En Corea del Sur, lo único que se necesitó fue un impulso de desregulación del sector financiero, desde 2008, para que la deuda privada creciera como avalancha hasta el 150% del ingreso disponible por los hogares después del pago de impuestos. Es una cifra que haría ruborizar hasta a las naciones de Occidente.
Malasia, otra economía asiática que ruge, cuyos líderes con frecuencia han enseñado a Occidente los valores asiáticos del ahorro, ya tiene supurando su propia crisis crediticia. Ese país del sudeste de Asia tiene uno de los niveles regionales más altos de crédito personal, que se sitúa en el 77% del PIB. Si bien más de la mitad de esa deuda es por hipotecas y créditos para compra de autos, el resto sustancial es deuda de tarjetas de crédito y de otros financiamientos de consumo. En Hong Kong, el balance promedio de las tarjetas de crédito es más alto que en Europa occidental. El frenesí de compras, más allá de las posibilidades de cada uno, dejó de ser una prerrogativa occidental.
Si todo eso no resulta familiar, esto sí lo es: el Banco Internacional de Pagos (BIS, según su sigla en inglés) advirtió temprano, en 2008, que el creciente auge del crédito en Asia y en otros mercados emergentes plantea "nuevos riesgos a la estabilidad financiera". Los economistas del BIS, Ma Guonan y Tae Soo Karn, advierten que el excesivo endeudamiento derivará en un creciente costo del crédito, provocando una contracción de éste, así como inestabilidad en el sistema financiero y daños en términos más amplios.
Pero, mientras puedan evitar el desenlace, todas estas compras y gastos, aunque sean a crédito, son buenas noticias para la economía global. En lugar de intentar impulsar sus declinantes exportaciones, los asiáticos necesitan crecer para su propio consumo, con la finalidad de equilibrar su crecimiento económico y ayuda a que Occidente salga de su caída y vuelva a ponerse en disposición de comprar.
Por ejemplo China, la locomotora del crecimiento asiático, necesita con urgencia aumentar la participación de su consumo en el PIB, debido a que es la única manera de compensar la caída de ventas a Occidente. En efecto, el consumo chino como porcentaje del PIB ha declinado en la última década, de 46% en 2000 a 36% en 2009. El profesor de Economía de la Universidad de Beijing, Michael Pettis, señala que "a menos que el consumo interno tenga dramática expansión, China solo podrá seguir creciendo rápidamente mediante el incremento de la inversión más allá de lo que resulta económicamente útil o imponiendo mayores excedentes comerciales a un mundo renuente".
Por tanto, para reequilibrar la economía mundial, la cuestión no es si los asiáticos gastan demasiado, sino si su gasto crece con suficiente rapidez. Es una buena noticia si gasta y también resulta bueno si necesitan más crédito para hacerlo.
CONFIANZA. De acuerdo con los estándares occidentales, las reservas en efectivo de Asia todavía son masivas. Desde que Asia surgió de la incertidumbre económica de su última crisis financiera en 1997, los ciudadanos y los gobiernos han estado guardando grandes trozos de sus ingresos para cuando lleguen tiempos de tormenta. Ahora, China se sitúa como uno de los países que ahorra más en el mundo, con una tasa nacional de 38% del PIB. India ostenta alrededor del 35% del PIB en ahorros. Eso es casi diez veces más que el 3,9% del dispendioso Estados Unidos.
Si se analiza con más profundidad, se advertirá que son las cuentas bancarias de las empresas exportadoras, más que los ahorrativos hogares chinos e indios, las que representan el grueso de esas tenencias.
Impertérritos por las repercusiones de la crisis crediticia de 2008 en Occidente, los bancos locales y occidentales hacen lo más que pueden para revertir la cultura ahorrativa a lo largo de los mercados emergentes en todo el mundo. Tienen motivo para hacerlo: contrariamente al Occidente estancado, los mercados emergentes crecen, los ingresos de la gente suben y el crédito es visto como una expresión de confianza.
El esquema básico a lo largo de las economías de más rápido crecimiento en el mundo es que los gobiernos están más enfocados en los frutos del crecimiento impulsado por el crédito que en los riesgos del crédito fácil. Malasia es uno de los principales ejemplos. En 1998, los créditos obtenidos por las personas representaron 25% de la deuda en ese país, mientras en la actualidad esa cifra creció más de la mitad, alimentada, en parte, por el hábito del crédito personal.
En Turquía, el número de tarjetas de crédito en circulación aumentó de 15.7 millones a 47.7 millones -más de una por hogar- entre 2002 y 2009. En Rusia, el volumen del crédito al consumo ha crecido a una tasa de 1% a 2% mensual desde mayo de 2010, lo que llevó ese crédito a un total de US$ 180.000 millones, equivalente al 20% del PIB, con un incremento del 5,4% en relación con el año anterior. "El crédito es una tendencia positiva para la economía de Rusia", dice el vicepresidente del Banco VTB24, Ivan Lebedev.
Campañas de marketing masivas ayudan a impulsar el auge. China UnionPay, el mayor emisor de tarjetas de crédito en ese país, ha contratado publicidad callejera a lo largo de Hong Kong, en una apuesta a duplicar el número de tarjetas en circulación de 3 millones a comienzos de 2009 a más de 6 millones a fines de 2010. En Turquía, la publicidad de tarjetas de crédito también domina el paisaje urbano y da resultado. Los turcos pidieron prestados casi US$ 100.000 millones en plástico en 2009, con tasas de interés tan altas como 42%, lo que representa un estremecedor 7% del PIB. Hasta el 15% de la deuda de los hogares asiáticos en la actualidad es por concepto de tarjetas de crédito. La conclusión para los mercados emergentes es que el crédito impulsa el desarrollo.
CAMBIO. Durante años, Brasil fue conocido por su deformada pirámide social: una enorme subclase en la ancha base, una pequeña elite en la cumbre y una clase media fina como una hostia entre medio. Sin embargo, en parte gracias a un acceso al crédito más extendido, la geometría social de Brasil ha experimentado una transformación radical en la última década -coincidente con los dos gobiernos del ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva-.
A medida que la economía se estabilizó y luego comenzó su auge, unas 27 millones de personas salieron de la pobreza desde 2000. La clase media fue oficialmente, en 2009, por primera vez en la historia de Brasil, la clase social más grande. Esos millones de consumidores emergentes salieron con su demanda contenida y suscitaron la atención de comerciantes, bancos e industrias.
Datos del reciente censo mostraron que el 69% de la clase media brasileña es propietaria de su hogar y 22% de autos, el 89% tiene teléfono celular, la mitad cuenta con computadora (el 34% de los que adquirió un PC tiene banda ancha) y todos compraron televisores. Gran parte de esa fiebre adquisitiva es alimentada por el crédito.
Los bancos y agencias crediticias estiman que a fines de 2010 se habían emitido 628 millones tarjetas de crédito, un incremento del 11% en relación con 2009. El 49% de los nuevos plásticos están en manos de clientes de bajos ingresos y de la clase media y con una proyección de crecimiento de la economía del 5% anual en los próximos cinco años, el número de tarjetas de crédito probablemente se duplique para 2020. Del 40% de brasileños que todavía no tiene cuenta bancaria, muchos usan tarjetas de crédito.
Nadie puede adivinar por cuánto tiempo continuará el auge del crédito en los mercados emergentes. Por ejemplo, en Brasil, el crédito al consumo ha crecido al 17% anual y se espera que alcance los 360.000 millones de dólares en el corriente año. En un relevamiento realizado en treinta bancos brasileños durante el verano pasado, la Federación Brasileña de Bancos descubrió que el crédito minorista crecía al 21%, casi tres veces más que la tasa general de toda la economía del país.
La misma historia se registra en Hong Kong, donde el análisis realizado por el grupo PrimeCredit indicó que en el verano de 2010 el 70% de los tenedores de tarjetas de crédito había diferido el grueso de sus balances, casi el doble del promedio de los deudores estadounidenses, supuestamente dispendiosos.
Otro estudio realizado en 2010, descubrió que alrededor del 10% de los habitantes de Corea del Sur, a partir de los 15 años de edad, tenía un atraso de tres meses en los pagos de sus deudas personales. En agosto de 2010, SKS Microfinance, de India, reunió US$ 350 millones de capital fresco y sus acciones se desplomaron dos meses después, al surgir noticias de que enfrentaba dificultades para cobrar sus microcréditos.
LIMITACIÓN. De cualquier manera, hay señales de que Asia ha aprendido de sus errores del pasado, incluyendo la serie de quiebras de empresas de crédito en Taiwan, Hong Kong y Corea del Sur, entre 2001 y 2005. Desde entonces, algunos de los peores excesos del sector financiero fueron frenados. En algunos países, las normas reguladoras del crédito se hicieron más estrictas y se reguló el mercado de tarjetas de crédito en un esfuerzo por controlar los excesos de los consumidores.
Los bancos asiáticos tienden a ser más estrictos para dar préstamos que sus pares estadounidenses. Por ejemplo, no han enfocado a los pobres con ofertas de hipotecas "subprime". La mayoría de las empresas de tarjetas de crédito en Asia tiene requisitos de ingresos mínimos relativamente altos, además del pago de por lo menos el 10% de la deuda mínima mensual cada mes, lo que significa que el consumidor asiático medio ni siquiera puede obtener una tarjeta.
Antes del desplome de 2008, gran parte del mundo creía que el crédito alimenta el consumo saludable y que las deudas de los gobiernos, eventualmente serían borradas sin dolor por el crecimiento económico. La caída hizo estallar muchas de esas creencias. Hasta hora, el crecimiento de las naciones emergentes todavía es fuerte y los ahorros son altos. La pregunta es si los bancos asiáticos y los consumidores están cortejando el desastre al imitar las prácticas que metieron a Occidente en tantos problemas.
La cifra
89% delos habitantes de Brasil tiene teléfono celular y el 34% dentro de ese sector ya cuenta con la conexión de banda ancha.
La perspectiva de ventas tiene signo ascendente
Los argentinos prefieren las cuotas Uno de cada cuatro argentinos compra lo que se necesita en cuotas. Las posibilidades que otorgaron los comercios de electrodomésticos, supermercados y bancos acentuó la tendencia a que los consumidores utilicen esta opción. Una encuesta de TNS-Gallup -difundida por el diario argentino La Nación- realizada este mes entre 1.004 personas indicó que el 38% de los consultados está pagando alguna compra en cuotas. Por otro lado, afuera de esta opción de financiamiento queda el otro 62% de la población adulta consultada. Pero, ya en detalle, son ellas las que privilegian el uso del pago fragmentado. Según la consultora, se declara más entre las mujeres (41% vs. 35% de los hombres). Por otro lado, son los artículos del hogar los bienes más adquiridos por los amantes de las cuotas. "El financiamiento del consumo con cuotas se incrementa a mayor nivel socioeconómico (46% de la clase alta, 43% de la clase media y 34% de la clase baja) y a mayor nivel educativo (52% de los universitarios vs. 41% de los entrevistados con educación primaria) y entre las personas entre 25 y 49 años de edad (46%)", explica el informe de TNS-Gallup.
El consumo está en ascenso en uruguay Los uruguayos se encuentran entre los protagonistas del incremento del consumo. Entre abril y junio de 2010, el consumo privado en volumen físico creció 10,4%, de acuerdo con lo que indicaron las cifras oficiales. En el trimestre julio-septiembre, el aumento también fue del 10,4%. El gasto fue en bienes semiduraderos y de origen importado. En ambos trimestres el consumo tuvo un crecimiento superior al PIB.
ventas de autos se recuperan en EE.UU. Este año, las ventas de autos cero kilómetro en Estados Unidos llegarán a 13 millones de unidades. Asimismo, se espera que el mercado de financiamiento de venta de vehículos mueva US$ 900.000 millones en los próximos tres años.