RIVERA | F. FERNANDEZ CARRANZA
Por enésima vez, la cárcel se convirtió en una caldera del diablo. Esta vez, el detonante fue el enfrentamiento entre pabellones. Se trata de un problema frecuente, "que rara vez descarrila", anotó un oficial de la policía norteña, explicando que "cuando un pabellón sale al patio, desde los otros dos hay provocaciones". Esta vez, además, los reclusos arrojaron piedras contra el portón, a raíz del ruido que provocaron dichas piedras, se temió que se tratase de disparos de armas de fuego desde los pabellones, agregó un uniformado. Este extremo no resulta descabellado, habida cuenta que el 24 de mayo de 2008 los reclusos salieron armados desde los pabellones, y fueron reprimidos por los policías que estaban en la puerta principal del centro de detención.
El magistrado de feria se constituyó en el lugar.
Reacción. Tan pronto como se desató el incidente, "pusimos en práctica el Plan Rodó y cada uno está haciendo su parte" manifestó un jerarca policial.
"Hay un conflicto, recién estamos recabando información", indicó el jefe de Policía, Heriberto Fagúndez.
Luego de controlar el insuceso, la Policía hizo propicia la oportunidad para realizar una requisa, intentando aprehender elementos contundentes en poder de los reclusos.
Situaciones como las desatadas en la pasada jornada se teme que serán frecuentes ante el inminente traslado de los reclusos a la nueva cárcel regional, lugar donde los detenidos permanecerán alojados en celdas con capacidad para 1, 3 y 5 procesados. Allí, a diferencia de lo que ocurre en la vetusta cárcel, los reclusos no contarán con televisión por cable, entre otros "privilegios" que tienen actualmente.