Es asombroso lo rápido que pueden cambiar las cosas en materia política. Lo que ayer era sagrado e intocable, hoy fastidia y genera rechazo. Un ejemplo claro de estas afirmaciones es lo que está sucediendo por estos días con el movimiento sindical en Uruguay, el cual tras un período de auge y legitimación social como no se vivía desde el fin de la dictadura, hoy empieza a mostrar signos evidentes de desgaste y de divorcio con la opinión pública.
Para continuar con la parábola sentimental, el gobierno de Tabaré Vázquez fue una luna de miel para los sindicatos. La primera administración frentista generó una treintena de leyes que promovieron la actividad gremial: desde la reinstalación de los Consejos de Salarios, la ley de fueros sindicales, el decreto que legitimó las ocupaciones de los lugares de trabajo, hasta la polémica ley de negociación colectiva. Eso derivó en el crecimiento de afiliados al Pit-Cnt, que pasó de 120 mil en 2003 a 320 mil en 2008, un aumento de la tasa de afiliación del 140%. Pero con el crecimiento también llegaron los problemas.
A medida que fueron creciendo los gremios, se fue operando un recambio entre los cuadros dirigentes, algo que se agravó por la "sangría" de figuras experientes que dejaron el movimiento sindical para ejercer cargos de responsabilidad en el gobierno frenteamplista y en el Parlamento. Todo lo cual generó que en muchas áreas de actividad aparecieran líderes nuevos, más jóvenes y con menos "cintura" negociadora. La consecuencia natural de estos factores fue un aumento explosivo de la conflictividad, marcada además por un grado de prepotencia y soberbia propio de quien se siente poderoso y protegido. Además, la nueva modalidad de las ocupaciones le dio a los gremios un arma poderosísima a la hora de negociar con los empresarios y el gobierno, lo cual aumentó exponencialmente la gravedad de los conflictos.
Con la llegada del segundo gobierno frentista, la situación llegó a un límite. Acicateados por la discusión presupuestal, y la sensación de que tras un gobierno como el de Vázquez que se había considerado "bisagra", ahora sí llegaba el momento de cumplir las reivindicaciones más ambiciosas, el clima de conflictividad sindical en el país se volvió insoportable. Dos eventos marcaron a fuego esa situación; el conflicto de Adeom en Montevideo que tuvo (y sigue teniendo) a la capital del país hundida en la basura, y el de la banca pública que generó un "tapón" en el sistema financiero, con momentos en que miles de operaciones quedaron trancadas por días y días.
Estos dos hechos han generado una inflexión indudable en la relación entre la opinión pública y los gremios, tal como lo reflejan las últimas encuestas. Según estos sondeos, realizados en el mes de noviembre, un 46% de los uruguayos desaprueba la forma en que se están desempeñando los sindicatos, y sólo el 25% la aprueba. Además, apenas el 14% de los encuestados cree que la mayoría de estas huelgas son justificadas. Como agregado a estos datos, se consigna que sólo el 29% de los uruguayos tiene confianza en el Pit-Cnt, contra un 62% que le tiene poca o ninguna confianza a la principal central sindical. Un juicio que, llamativamente, atraviesa de manera casi sin variantes a los ciudadanos de todos los partidos políticos.
¿Cuál puede ser la consecuencia política de este cambio de percepción popular respecto de los sindicatos? Es todavía temprano para valorarlo. Sobre todo teniendo en cuenta que al gobierno de Mujica le quedan aún cuatro años de gestión, y que tampoco es de su conveniencia absoluta tener enfrente a un movimiento sindical demasiado debilitado. También es esperable que la dirigencia gremial tome nota de estas cifras y "baje los decibeles" para evitar un desgaste mayor ante la opinión pública. Pero también es verdad que si la situación continúa en esta tendencia, se abre una oportunidad importante para que la oposición política capitalice este descontento social con un sistema gremial que se ve como prepotente y egoísta, y que está íntimamente ligado a la forma de ejercer el poder que ha exhibido el Frente Amplio desde que llegó al gobierno.